Hacia un proceso integral de paz

Como creyente y colombiano, siento el deber, ante las circunstancias actuales, de expresar cuánto pienso sobre la oportunidad de avanzar hacia un Proceso Integral de Paz. Que se han tenido muchos fracasos, que de parte de los alzados en armas sólo se ha visto intención de ganar terreno cuando se les han dado oportunidades de diálogo, todo eso es cierto, pero también que ante la necesidad ineludible de conseguir la paz hay que tratar de vencer los mismos imposibles.

Es el momento de intentar llevar a los nuevos directivos de la guerrilla a reflexiones en el sentido de la inutilidad y de lo contraproducente de su lucha armada, como lo ha expresado desde hace varios años el mismo líder Fidel Castro, y lo están diciendo en nuestros días otras personalidades que en algún momento creyeron en esa fallida solución. Más que desgastado está el argumento de la injusticia social y de la corrupción de los gobiernos, pues, si fuera válido, en todas las regiones del mundo debía haber ejércitos rebeldes. Que vean el éxito de las conquistas por vía democrática hacia esos mismos fines que se han ido dando en tantas partes del mundo, con derrocamiento de tiranías de izquierda y derecha, y con logros positivos cuando se ha tenido cuidado de no dejar corromper a los triunfadores.

Aprecio los esfuerzos que se han hecho por avanzar en el llamado “intercambio humanitario”, me alegro con algunos resultados con la liberación de un puñado de amigos, pero lo miro como un propósito muy limitado, lleno de condicionamientos y de cálculos de parte de la guerrilla y de los mismos que se han convertido como en los dueños de esa iniciativa. Aun en el caso de que se liberaran todos los secuestrados, si no hay pasos firmes hacia una paz integral, es apenas un breve alivio o sin gran repercusión.

Es el momento de algo más en grande, dándole a las nuevas directivas guerrilleras la oportunidad de rectificar pasos, como no haber aprovechado con patriotismo la oportunidad que se les dio en años anteriores de salir a construir entre todos una nueva Colombia, e invitarlos a hacerlo ahora sí decididamente en lugar de seguir exponiendo en forma inútil y absurda sus vidas, y de seguir realizando acciones de destrucción y muerte que en nada arreglan la situación del país.

Creo en la capacidad y grandeza del presidente Uribe, y de sus verdaderos amigos, para estar listos a abrir los caminos que sean necesarios para lograr, por fin, un efectivo proceso integral de paz. Creo, con la ayuda Divina, conseguir nobles y patrióticos gestos de los actuales dirigentes de grupos insurgentes para que den un No rotundo a la lucha bélica y se comprometan, de lleno, a un trabajo conjunto por el progreso de Colombia. Si en otras latitudes se ha logrado dar esos pasos, si al final de la “Guerra de los Mil Días” se logró un honroso armisticio, es preciso buscarlo ahora, con infinito amor patrio y con las renuncias que sean factibles en un limpio esfuerzo común para salvar a esta patria tan flagelada.

Necesitamos generosidad y amplitud de miras de todos los dirigentes políticos, cívicos, religiosos, sociales y económicos, para que, por encima de todo cálculo electoral (la paz no tiene color distinto del patriotismo), se puedan organizar comisiones que sean de acercamiento y diálogo, no sólo con la guerrilla sino entre toda la dirigencia nacional, sobre puntos básicos para el bienestar general. Frente a la subversión bien se puede correr el riesgo de acordar lugares desmilitarizados, como ya lo ha ofrecido el Gobierno, pero no entregados a ellos ni para fortalecer la guerra sino para lograr la paz.

Que avanzar en estos propósitos no sea un simple sueño, sino, con la ayuda Divina, una feliz realidad.

Monseñor Libardo Ramírez Gómez. Presidente del Tribunal Ecco. Nacional.

Escritura diferente

Debo reconocer que me encuentro complacido con el nuevo formato que tiene ahora El Espectador, me resulta mucho más llamativo y fácil de leer. Sin embargo, he notado con preocupación que en las primeras páginas del diario se abarcan muy pocos temas. Siendo éstas tan importantes por tratar los temas más candentes del país, encuentro que se dedica mucho espacio a dos o tres hechos, que, aunque son importantes, dejan por fuera otros temas que también se pueden tratar, así sea en espacios pequeños.

Asimismo, quisiera felicitar a las secciones Bogotá y Vivir, pues los temas que se plantean y la estructura de los artículos muestran una temática diferente y bastante agradable para el lector. Además se nota el trabajo investigativo y de reportería que hay detrás de cada uno de los informes que se publican.

Por último, quisiera felicitarlos por volver al ruedo, siempre me ha gustado El Espectador y ahora tengo la oportunidad de informarme todos los días con un periodismo comprometido con los lectores y con la opinión pública.

Juan Manuel Triviño.  Bogotá.

Renovación urbana

El tema de la recuperación del centro de la capital, en el que se viene trabajando desde hace un buen rato, plantea una serie de preguntas que bien valdría la pena responder. ¿Dónde arranca y dónde termina el centro? ¿Qué se hará con las zonas de tolerancia? ¿Qué papel juega el tema del patrimonio, que lo hay en cantidades en la Candelaria y Teusaquillo, en las decisiones urbanísticas adoptadas? ¿Qué debemos entender por “recuperación? ¿Qué organismos del Distrito se encargarán de la tarea y cuánto el presupuesto que la administración destinará? Todas las ciudades importantes del mundo tienen vigorosos y recuperados centros históricos. Que el nuestro no sea la excepción.  

 Nelson Chacón.  Bogotá.

 

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