Por: Santiago Montenegro

Hacia una nueva política

Aunque Colombia está lejos de sufrir una crisis como las que afectan a los países mediterráneos de Europa, es muy útil estudiar sus consecuencias.

No es vano recordar que, detrás de los serios problemas fiscales y económicos de Grecia, Italia, España y Portugal, están también unas instituciones caracterizadas por mucha corrupción, clientelismo, opacidad, una justicia débil y unos partidos alejados de los ciudadanos. Mientras muchos analistas prevén horrores, quiero enfatizar algunas consecuencias positivas.

En primer lugar, la crisis ha sido un caldo de cultivo para la emergencia de nuevos actores, como Syriza en Grecia, Podemos y Ciudadanos en España o el fortalecimiento del Frente Nacional en Francia. Con mucha razón, los defensores de la democracia liberal están alarmados por el populismo, el antisemitismo o propuestas fascistas de algunos de estos grupos, pero también hay elementos positivos. Por ejemplo, Ciudadanos, originalmente de Cataluña, pero ahora con presencia en toda España, promete una nueva forma de hacer política donde prevalezcan la defensa de la Constitución, la transparencia, el Estado de derecho y la lucha contra el terrorismo.

Por otro lado, la emergencia de estos nuevos grupos ha forzado a los partidos tradicionales a renovar sus dirigentes y sus procesos de selección de cuadros. Aunque el PSOE se demoró demasiado en cambiar a su secretario general, una vez lo hizo, la nueva dirigencia ha decidido expulsar a dirigentes envueltos en casos de corrupción. Además, éste y otros partidos han recurrido a elecciones primarias, dejando atrás el amiguismo y las filas indias.

En segundo lugar, la crisis económica ha suscitado un clamor general por transparencia por parte de los gobiernos y los partidos. Con el paso del tiempo se han ido conociendo hechos como la financiación ilegal de los partidos, un increíble nivel de corrupción en los bancos públicos o las coimas entre políticos, constructores y contratistas, en España, o las enormes pensiones que se autootorgaron a temprana edad muchos políticos en Grecia, entre muchísimos otros casos.

En tercer lugar, la crisis económica y el descubrimiento de tanta corrupción han provocado un renovado resurgimiento de la deliberación pública. En los periódicos impresos, en las redes sociales, pero, muy especialmente, en la televisión, aparecen nuevos programas de debates y los viejos se renuevan, se contrastan tesis e ideas, se denuncian casos de corrupción y abusos. Naturalmente, esta renovada deliberación en el espacio público es posible porque, a pesar de la crisis, se cuenta aún con medios de comunicación independientes.

Finalmente, por el desempleo y la caída de los ingresos, se ha creado una nueva conciencia de la importancia de estudiar o de actualizar los conocimientos, ha crecido la demanda por educación formal y no formal y se discute la necesidad de actualizar las instituciones educativas, los currículums y los métodos de enseñanza desde el preescolar hasta la universidad.

Una renovada participación ciudadana, una transparencia absoluta de las instituciones, una renovada deliberación pública y una política obsesiva por el mejoramiento de la educación son políticas que deberían estar en el centro de nuestra agenda. ¿Habrá que esperar una crisis para que los partidos las adopten? ¿O habrá que esperar a que grupos nuevos lo hagan?

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