Por: Juan Carlos Gómez

Haciendo lobby

La ley 1474 de 2011, expedida en julio pasado, denominada comúnmente como estatuto anticorrupción, en muchos aspectos es una reacción casuística y atropellada frente a esa plaga que tiene asediada a la institucionalidad colombiana, pero, no precisamente por falta de normas y talanqueras.

Por el contrario; muchas veces el alud de requisitos, registros y trámites para la contratación estatal, por ejemplo, crea un mundo kafkiano en el que se mimetizan cómodamente tramposos y venales.

Dentro de ese estatuto anticorrupción hay un capítulo que se denomina “Regulación del lobby o cabildeo”. Esperaría uno que ese capítulo contuviera lo que promete; sin embargo, aparece nada más un artículo —el 61—, norma solitaria y babosa, que dispone que la autoridad competente podrá requerir informaciones acerca de gestiones determinadas, cuando exista al menos prueba sumaria de la comisión de algún delito o de una falta disciplinaria. Es decir, el lobby se quedó sin regulación.

La razón de ese vacío, al parecer, fue el afán en el trámite de la conciliación entre los textos de Senado y Cámara, que no dio tiempo para estudiar con juicio el asunto, que ya era materia de otro proyecto de ley, el cual podría revivir en la presente legislatura.

En ese proyecto se define el lobby o cabildeo como el contacto de carácter personal y privado con el “objeto de promover, defender o representar cualquier interés lícito en relación” con trámites legislativos o con actos administrativos de competencia de la rama ejecutiva.

Con esta definición lo que se hace es describir lo que hoy sucede en la práctica, lo cual en sí mismo no necesita un reconocimiento legislativo. Lo novedoso al respecto es que la propuesta legislativa exige que los cabilderos se inscriban en un registro, que existiría tanto para el Congreso de la República como para la rama ejecutiva. De esta forma se conocería quiénes son formalmente cabilderos, lo cual ciertamente podría ser una ventaja para la transparencia, pero no evitaría los acuerdos que se realizan en la sombra ni el cabildeo informal que tiene tanto juego a la hora de tomar las decisiones del Estado.

En todo caso, siempre será un ejercicio interesante descubrir en las leyes y en los actos administrativos los favores recibidos.

 

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