Por: Ernesto Yamhure

Hagan sus apuestas

LINDO ESPECTÁCULO PRESENCIAmos esta semana en Santa Marta.

El dictador de Venezuela, ese mismo que encarcela a sus opositores, que ordena el cierre de medios de comunicación, que encubre a los más inmundos terroristas en su territorio, llegó a Colombia y fue recibido —hay que decirlo— como un héroe.

En el aeropuerto, un indigno general de nuestro Ejército se puso firmes frente al tirano y saludándolo con todo el rigor militar, le dio inmerecido parte. Parece que al militar de marras se le olvidó que en Venezuela hay guerrilleros colombianos que desde allí planean y lanzan operaciones contra soldados colombianos.

Había que darle inolvidable bienvenida. Alfombra roja, calle de honor, canciller con cara de acontecimiento, fanfarrias y demás.

Arribó divinamente trajeado con una elegantísima sudadera que encubría el monumental chaleco antibalas. Al fin y al cabo el ladrón juzga por su maldita condición. Chávez cree que todos proceden con su mismo estilo gansteril, razón por la que extremó su seguridad personal, intuyendo que en Colombia sufriría un atentado. Cuán equivocado estaba el golpista: acá recibió atenciones, abrazos, aplausos y vítores por parte del gobierno nacional.

Gobierno que está encabezado por alguien de quien Chávez ha dicho “es un verdadero mafioso”. Cuando el sátrapa intervino en nuestro proceso electoral manifestó que “ojalá en Colombia haya un gobierno decente y cuando digo decente creo que pudiera ser cualquiera de los demás candidatos, menos el señor Santos, el señor de la guerra, el ‘pitiyanqui’ número uno de Colombia”.

Dirán los entendidos que la política internacional también es dinámica y que la dignidad y el honor son cosas del pasado. Ahora impera el pragmatismo, ese mismo que obligó a que Colombia, con total desvergüenza, haya pasado la página de los campamentos de las Farc en Venezuela. El abrazo con un Chávez que transpiraba por todos los poros de su piel era más importante.

La denuncia de Luis Alfonso Hoyos, embajador en la OEA, ha perdido toda la validez, porque como sentenció nuestro flamante presidente: hemos pasado la página con Venezuela.

Tal vez sea cierto que a partir de ayer comenzó a escribirse la nueva historia de las relaciones colombo venezolanas. Para que ésta tenga un mínimo grado de verosimilitud, debe incluirse el estudio sereno de todos los asuntos, incluido el de los campamentos terroristas que Venezuela protege.

El asunto es más grande que la deuda de 800 millones de dólares que tiene Chávez con los exportadores colombianos. Que la canciller Holguín entienda que la patria está por encima de la plata. En ese sentido, este nuevo libro entre los presidentes de Colombia y Venezuela también debe contemplar un capítulo que contenga la hoja de ruta para la remoción inmediata del busto que el régimen dictatorial erigió en homenaje a Tirofijo y el mecanismo idóneo para la retractación de Chávez, cuando con el alma enlutada decretó minuto de silencio en honor a la memoria de Raúl Reyes.

¿Habrá creído el presidente Santos los juramentos del parlanchín de la sudadera en el sentido de que él no refugia a terroristas en su país? Las evidencias son muchas, empezando por las que se exhibieron ante la OEA. Pero hay mucho más. ¿O es que olvidamos en qué ciudad vivía Rodrigo Granda? Por no decir mayor cosa de alias El Gallero, ese mezquino terrorista del Eln que en 1999 secuestró un avión de Avianca y que terminó su proeza criminal escondiéndose en Venezuela.

Hay escepticismo. Cuesta creer en la sinceridad de Chávez. ¿Cuándo pagará el dictador el dinero que debe y, más importante, durante cuánto tiempo logrará contener su verbosidad? ¿Logrará aguantarse al menos seis meses sin volver a decirle mafioso al Presidente de Colombia? A usted que tanto le gustan, están abiertas las apuestas doctor Santos.

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