Por: Oscar Guardiola-Rivera

Halloween

En su lectura de la novela sobre la resistencia antifascista Alemana, Die Rettung escrita en 1938 por Anna Seghers, Walter Benjamin describió como el 1% se disfraza del 99% restante en momentos de peligro. Para ello imita las promesas, los discursos y las maneras de los socialistas. “De la misma manera como el Anticristo… imita las bendiciones y promesas que intensifican nuestras esperanzas ante la venida del Mesías”.

Cabe recordar esa advertencia tras las victorias populares en Bogotá, Buenos Aires, La Paz, Quito y Santiago. En Argentina, por ejemplo, tras los resultados de las elecciones primarias hace unas semanas el mismo Mauricio Macri que acusaba a la “marea rosada” por todos los males invitados por él mismo sobre el pueblo argentino, se apresuró a prometer sí se puede y gasto social como cualquier Maduro de izquierdas. No le alcanzó, pero acortó de manera considerable la distancia que le separaba de los Fernández.

Otro tanto ha hecho el presidente Sebastián Piñera. Ahora que el pueblo chileno exige responsabilidad por las muertes y violaciones que habría causado un ejército compuesto por gente de la misma clase social a la que golpea, Piñera ofrece la cabeza de sus ministros, no la suya y promete escuchar a quienes denuncian la desigualdad. Para distinguir a quienes se disfrazan de pueblo de quienes le acompañan los chilenos en las calles deberán desoír tales promesas.

En cambio, hacer suyas las propuestas de acusación constitucional y dignidad en las condiciones laborales por las que ya trabaja la diputada Camila Vallejo. ¿Imaginan cuán diferente serían las Américas si a la retaguardia de un pueblo resistente estuviese una alianza de mujeres como Vallejo, Claudia López, Carol Proner, CFK y Ocasio-Cortez? ¿No es mas prometedora esa imagen que la que nos brinda hoy el eje Trump-Duque-Piñera-Bolsonaro?  En lo que a ellos concierne, se trata de dividir al pueblo contra sí mismo para impedir que se constituya como tal.

Por ello Piñera se apresuró a oponer la democracia al pueblo que desea seducir con sus promesas, la cosa pública que se iba construyendo en las calles en la misma medida en que sus protestas eran respondidas con golpes, gases y garrote, violadores y balas. No es una contradicción. Mas bien, se trata del peligro que asoma en momentos de conflicto como el presente. El peligro es doble: transformar la historia del pasado, la tradición de los oprimidos como diría Benjamin, pero también al sujeto histórico del momento, las clases dominadas y herederas de dicha tradición, en herramientas de las clases dominantes. Pues claro, el pueblo no aparece ya constituido. Ni este ni su victoria están dadas de antemano.

El pueblo se constituye en la lucha, también sus lideresas en resistencia, si y solamente cuando toman la posición de la resistencia antifascista de los protagonistas de la novela de Seghers.  

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