Por: Brigitte LG Baptiste

Haraway & Chucho

En un giro casi inverosímil del destino, llegó Donna Haraway a Colombia. Profesora emérita de Historia de la conciencia en la U. de California, fue seducida por Tania Pérez Bustos y su equipo de la Escuela de Género de la U. Nacional para venir a conocer algo del país de la biodiversidad, nuestra gastronomía vegetariana y la situación del país. Llega justo en el momento en que se debaten en público y en las cortes los derechos del oso Chucho, un tema que aborda en varios de sus libros: el reconocimiento del parentesco y por tanto de humanidad en toda la vida planetaria, lo que algunos llamarían parte del ecocentrismo contemporáneo. También, aplicable a los derechos del páramo de Pisba, del río Atrato, de la Amazonia y de “todos los ecosistemas estratégicos de Nariño”, como acaba de declarar el gobernador de ese departamento.

Sería imposible abarcar la riqueza conceptual con la que Haraway aborda el tema de la naturaleza (su Cthulhuceno), pues siendo bióloga de profesión evita siempre el uso de la palabra, a menos que sea para reconocerla como sinónimo de “aquello que es”, sin ninguna connotación adicional, mucho menos un atributo moral. Su premisa central, el conocimiento situado, defiende la condición procesual del mundo y el cambio permanente como base de la existencia y, por tanto, no reconoce la prevalencia de ninguna manera de interpretación sobre otra; al contrario, nos recuerda que todo resulta de un entrelazamiento de historias contadas, un ecosistema vivo y literario en el cual florecen constelaciones de actores que durante el breve instante en que coinciden deben resolverse mutuamente, más allá incluso de los mestizajes o hibridaciones. Lo dice mientras disfruta un plato de risotto de cebada con queso Paipa, vino blanco, hongos y cranberries deshidratadas, a la colombiana, un plato maravilloso que sirve Álex, en Ocio, para recordarnos que nada es puro, mucho menos ningún páramo y que todos somos migrantes obligados a atravesar las fronteras que las diversas formas de autoridad dibujan en la historia, el territorio, el cuerpo, las instituciones. Así, cuestiona la demarcación y delimitación como origen de las identidades con pretensión de eternidad, la simplificación como estrategia de apropiación e injusticia, de mal gobierno.

“No existe tal cosa como la cualidad osuna de un oso”, responde ante su auditorio atiborrado. “Chucho tiene su propia historia, causada por quienes en un principio decidieron mantener en cautiverio a sus padres y detonaron una cadena de acontecimientos única, que no puede utilizarse más que para garantizar el bienestar actual del oso; no puede generalizarse a todos los osos”. O a todes les oses, diríamos entre sonrisas cómplices…

Hay que releer su Manifiesto ciborg preclaro en 1984, apreciado por socialista en la costa occidental de los Estados Unidos, condenado por no serlo en la costa oriental, lo que demuestra que las polarizaciones provienen del contexto y nada, mucho menos la identidad de las cosas, puede confundirse con el nombre que les damos, uno de los peores defectos de la modernidad (y la mala ciencia). Se despide con su llamado a una ecología enredada (y amorosa) para la vida contemporánea, presente en su último libro (Staying with the Trouble, Duke U. Press, 2016), aunque mejor ilustrada en el precioso afiche de la Facultad de Artes de la UN.

Ah, y feminista, porque así como la
naturaleza, todas somos una invención. Ilimitada…

874897

2019-08-07T14:18:47-05:00

column

2019-08-07T16:30:57-05:00

[email protected]

none

Haraway & Chucho

16

3596

3612

1

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Brigitte LG Baptiste

Paro verde

Tiburones e información pesquera

Contrato social y conservación

Árboles y más árboles

Ciencia y conocimiento en tiempos electorales