Por: Hernán Peláez Restrepo
La columna de Peláez

Hasta aquí

Es cierto que habríamos podido avanzar un escalón más en el Mundial de Rusia. Cuando se apea de un campeonato así, por fallar en dos de los cinco cobros desde el punto blanco y a los 12 pasos, todo se disimula en cuanto a la forma cómo se jugó.

Desde el comienzo, con tres volantes de parecido corte (Carlos Sánchez, Wilmar Barrios y Jefferson Lerma), era previsible la manera de esperar. Por eso pasamos el primer tiempo espere y espere, sin conseguir hilvanar jugadas en la zona de gestación, donde Quintero y Cuadrado no lograban ubicar a Falcao, el solitario delantero en punta. De hecho, ni Arias ni Mojica disponían de espacio para subir a acompañar.

Cuando recibimos el gol en contra, entonces planteamos en la complementaria una idea más frontal y arrimarse al arco rival permitió exhibir otra faceta.

El ingreso de Matheus Uribe, un volante mixto con buen espíritu ofensivo, y el mismo Muriel, aumentaron las ilusiones. Y fue un remate espectacular de Matheus que despejó en brillante maniobra el arquero contrario y que derivó en el tiro de esquina, que una vez más Mina lo tradujo en gol.

Después vinieron esos interminables minutos adicionales para llegar a quedar por fuera.

Sabíamos de la limitación del plantel. Claro que esperamos mucho para dar ingreso a Bacca y Muriel, arriesgando mucho en defensa, pero ofreciendo al menos más posibilidades. Acá me parece que Pékerman fue timorato y aguantó mucho al equipo en un esquema temeroso.

Menos mal forzamos hasta donde se pudo y a los ingleses les costó, más de lo esperado, vencernos. En ese sentido Mina y Dávinson resultaron una pareja de entrega y lucha y, en general, superando los errores en entrega, hubo generosidad con el sudor y el espíritu de lucha.

Hasta aquí nos trajo el río. No desentonamos, aunque sí se admiten reparos a ciertas ideas de Pékerman para encarar el partido ante Inglaterra. Dimos la impresión de estar temerosos o de respetarlos en exceso. Salir así da tristeza y es comprensible, pero nadie podrá dudar de la honestidad en la caída.

 

 

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