Por: Olga Lucía Barona

¿Hasta cuándo?

Eso es lo que se preguntan los sufridos hinchas de Millos y Santa Fe, ¿hasta cuándo los dos equipos bogotanos se van a poner serios, pero de verdad, verdad?

El fracaso de ambos oncenos en el torneo ya no sorprende a nadie, eso se veía venir. El caso del cuadro albiazul, que ayer terminó con la renuncia anunciada de Quintabani, es realmente horroroso, con un equipo entregado, sin alma. El técnico fue el que pagó los platos rotos y aunque a él le cabe su grado de responsabilidad —y de hecho la asumió—, dónde está el de la dirigencia y los jugadores. Es increíble que todas las crisis azules pasen sin ni siquiera rosar el nombre del presidente Juan Carlos López y su junta directiva. Ellos siguen firmes, ahí; los técnicos se van, a los jugadores los echan, los indemnizan, se gastan un montón de plata, pero ellos siguen ahí, sin inmutarse. Alguna cosita tendrán que estar haciendo mal para que su equipo sólo se la pase de fracaso en fracaso.

Y, ¿los jugadores?, qué vergüenza. Ganan mucha plata, unos 20 millones de pesos en promedio, y no hacen nadita de nada. Y lo peor es que no tienen ni actitud ni mucho menos sufren de pena. Los directivos deberían entonces jugársela con su cantera, con esa cantidad de jugadores juveniles que están haciendo fila para debutar en el profesionalismo. Seguro que ellos sí le pondrían alma y corazón. Ellos sí tienen sed de triunfar, porque a los actuales —excepto Gerardo Bedoya— parece que sólo les importa recibir su quincena y ya.

Y si por los lados de Millos llueve, por Santa Fe no escampa. Se armó un equipo para ser campeón y otra vez salió con un chorro de babas. El Bolillo Gómez fracasó el semestre pasado y en este repitió la dosis.

 

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