Por: Francisco Leal Buitrago

¿Hasta dónde podemos avanzar?

La prolongada coyuntura crítica de la política por la que atraviesa el país ha ido de tumbo en tumbo y entre nebulosas, lo que ha dificultado percibir siquiera un futuro inmediato. Sin embargo, hay más avances que retrocesos en medio de la podredumbre a que ha llegado la política, atizada por la incapacidad estatal de cumplir funciones en una democracia que ha logrado sobreaguar. Juventudes impermeables a engaños y mentiras, derrota de maquinarias, creciente voto de opinión urbano y sectores democráticos sobrevivientes han logrado contrarrestar clientelismos y corruptelas de políticos, empresarios, pastores y latifundistas enriquecidos y aferrados al poder a costa de desigualdades y exclusiones ciudadanas.

En la actual contienda electoral, el neocaudillo y gestor del Centro Democrático cambió una figura cantinflesca por otra en apariencia bonachona y sin experiencia pública definida. Sus cambiantes promesas políticas a la sombra de los acontecimientos muestran su maleable personalidad e infunden dudas sobre su independencia frente a quien lo ungió. Y, para que se note menos, la recia personalidad femenina de su fórmula vicepresidencial podría remplazar su obediencia directa al neocaudillo.

Aunque la copiosa votación de las candidaturas del centro ideológico no alcanzó para pasar a la segunda vuelta, debido en particular a la improcedente asepsia política de uno de los candidatos, logró mostrar aumentos de independencia ciudadana frente a la degradación de la política. Además, la lenta declinación del caudillismo trasnochado fue reforzada por el éxito oficial en la desmovilización de la guerrilla más vieja del planeta.

Ante estas contingencias de coyuntura se pone de presente un eventual reforzamiento de fuerzas políticas degradadas y alimentadas por vaivenes de conveniencias según las circunstancias. Ejemplo de ello fue la cuasidesaparición del “glorioso Partido Liberal” en manos del pusilánime expresidente Gaviria, sacrificando de paso la figura democrática de Humberto de la Calle. No obstante, con la fuerza política que mostraron quienes defienden la democracia, es posible contrarrestar consecuencias adversas de esos cambios por conveniencia.

El voto en blanco no conviene en circunstancias del momento, en las que se ha logrado al menos frenar la degradación de la política. Se sabe que la personalidad de quien se enfrenta a la figura bonachona de Duque tiene serios problemas. Su tono populista en plazas públicas, respaldado por su inteligencia, oratoria y actitudes teatrales, alberga un ego desmedido que no admite contradictores ni alternativas a sus inapelables decisiones. Sin embargo, frente a errores como alcalde de la capital —alimentados por la presión política del retardatario exprocurador Ordóñez— ya había demostrado eficiencia en su función como congresista cuando destapó acciones criminales de peligrosos delincuentes. El eventual premio de consolación como futuro congresista —si Petro pierde en la segunda vuelta— garantiza su liderazgo de oposición política frente a los peligros de un gobierno de Duque. Y así como la fórmula vicepresidencial de éste refuerza tales peligros, la fórmula de Petro —que también es femenina— garantiza un freno a su autoritarismo.

Por todo esto, y para darle continuidad al fortalecimiento de la tendencia democrática expresada por la opinión pública, es necesario que el 17 de junio aumente más la participación electoral, a la par con el voto a favor de Petro.

* Miembro de La Paz Querida.

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