Por: Mauricio Botero Caicedo

Hay que acabar con los patrocinadores de la guerra

En el artículo de portada en la pasada edición del 10 de marzo, la revista Semana pone en tela de juicio que el presidente Duque se ha jugado, en la cruzada contra Maduro, la carta de líder regional y socio de Donald Trump. Para el semanario, “esa apuesta le ha funcionado en el corto plazo, pero tiene riesgos a futuro”. Haciendo abstracción del notorio sesgo de la revista, al dejar entender que la cruzada contra Maduro se limita a una “sociedad” entre Duque y Trump, Semana —y parte minoritaria de la población— no parece entender que la paz en Colombia, si Maduro sigue en el poder, no pasa de ser una quimera, un sueño de una noche de verano. Que el presidente Duque haya asumido el liderato de más de 50 países que han roto relaciones con Venezuela, y del Grupo de Lima, es motivo de orgullo. La Organización de Estados Americanos, encabezada por el valiente Luis Almagro, también acompaña a Duque y ha sido vertical en su oposición contra la dictadura venezolana.

La respuesta al interrogante de si el liderazgo de Duque le conviene a Colombia está en dos recientes artículos. En uno de ellos (Semana, marzo 10/19), el general retirado Hugo Carvajal, uno de los personajes más nefastos e importantes del régimen venezolano, hace un recuento de cómo Chávez y Maduro les proveían armas e identificaciones falsas a los narcoterroristas; cómo les permitían traficar cocaína sin limitación alguna, y cómo le permitieron a la narcoguerrilla convertir a Venezuela en refugio, centro de entrenamiento, salud y recreación. A su vez, el diario El Tiempo, en su edición del lunes 18 de marzo, publica un extenso reportaje de primera página en el que relata con lujo de detalles cómo las disidencias de las Farc afianzan su red criminal en la frontera. Según informes de inteligencia, Gentil Duarte, exjefe de las Farc, coordina las actividades de narcotráfico y reclutamiento de menores desde Venezuela, el envío de coca a los centros de consumo, y negocia, en complicidad con la Guardia Nacional del vecino país, con los carteles mexicanos, como el de Sinaloa. El Eln va más allá, ya que no solo trafica y recluta menores, sino que se ha vuelto el arma paramilitar del gobierno de Maduro. En esencia, los elenos son una guerrilla venezolana.

En Colombia no hay paz, por más que algunos repitan hasta el cansancio que la anterior administración logró ponerles fin a 50 años de guerra. La paz en Colombia no se va a alcanzar con las turbias maniobras de la JEP a favor de las Farc. La paz tampoco va a llegar con descalificaciones estúpidas, como tildar de “rebuscadas e irresponsables” las fundadas objeciones del presidente a la JEP. Y la razón de que no hay paz es porque Chávez en su día y Maduro en los últimos seis años han sido y son los principales patrocinadores de la guerra en Colombia. El inicio de una paz verdadera y sostenible en Colombia es cuando el gobierno decente, que muy pronto debe reemplazar a Maduro, deje de patrocinar la guerra. Y esto es, amigo lector, asumiendo los riesgos que dicho encargo conlleva, precisamente lo que busca el presidente Iván Duque.

Apostilla. En días pasados falleció el prestigioso abogado Gabriel de Vega. Amigo incondicional y consejero sin par. La ausencia de Gabriel es lamentable. A todos los suyos, un sentido abrazo de pésame.

* Miembro del Consejo del Instituto de Ciencia Política.

846516

2019-03-24T00:00:42-05:00

column

2019-03-24T00:15:02-05:00

[email protected]

none

Hay que acabar con los patrocinadores de la guerra

50

3538

3588

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Mauricio Botero Caicedo

Escandinavia: de socialista, poco…

La única ley que no violan…

¿Se llegó al punto de quiebre?