Hay que prevenir saltos de fila en la vacunación

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La corrupción está al acecho de las vacunas. En el vecindario, Argentina, Perú y Chile tienen escándalos deplorables por aplicaciones indebidas de dosis que tenían otros destinatarios prometidos. En todos los casos hay un común denominador: el abuso de poder por parte de funcionarios que pretenden hacer favores a sus aliados políticos o a sus amigos más cercanos. También es común la decepción expresada por los ciudadanos, que han mostrado su inconformismo con lo que ocurre. En la difícil tarea de lograr vacunaciones masivas, este tipo de situaciones no pueden presentarse. Ya hay algunas alarmas prendidas en Colombia. No podemos permitir que ocurra lo mismo.

Pilar Mazetti, entonces ministra de Salud en Perú, hizo un anuncio rimbombante cuando llegaron las vacunas a su país. “Teóricamente me estaría tocando recién la próxima semana”, dijo sobre su turno de vacunación, “pero como corresponde, como dicen, el capitán es el último que abandona el barco. Una vez que todas las personas que trabajan en el sistema estén vacunadas, recién será nuestro momento, como debe ser. Los que estamos a la cabeza de las instituciones tenemos que dar el ejemplo para esperar nuestro momento correctamente”. Loable sentimiento. Pero a los pocos días nos enteramos de que Mazzetti ya se había vacunado. Lo hizo sin darlo a conocer a la ciudadanía y antes que cualquier profesional de salud. Tampoco estuvo sola: en total fueron unas 3.200 dosis enviadas por la farmacéutica china Sinopharm las que se utilizaron en ese país cuando todavía estaba en estudios clínicos.

La compañía de Mazetti, quien renunció, se lanzó en serio. Con ella se vacunaron otras 487 personas, entre las que estaban el entonces presidente, Martín Vizcarra, su esposa, su hermano y otras personas del “entorno cercano”. 1.200 dosis se quedaron en la Embajada de China en Perú y las otras 2.000 fueron utilizadas por el gobierno, a escondidas de los peruanos.

Esta semana, Ginés González García, ministro de Salud de Argentina, renunció. Le echó la culpa a su secretaria privada por una supuesta confusión, pero ahora sabemos que tenía un vacunatorio de personas muy importantes que se saltaron la fila y recibieron dosis de la Sputnik V. En total fueron 3.000 dosis que se reservó el ministro para uso discrecional.

Para completar, Chile cuenta que unas 37.306 personas fueron vacunadas fuera de su turno. El Ministerio de Salud anunció investigaciones, pero ya se escucha el descontento justo de las personas.

Saltarse la fila es un acto doblemente cruel. Primero, porque fomenta la corrupción y la idea de que hay personas que merecen privilegios simplemente por estar conectadas a las altas esferas del poder. Consolida la idea del “todo vale”. Segundo, porque les quita la oportunidad de vacunarse a las personas que más en riesgo se encuentren. Literalmente, están causando un peligro de muerte en un momento crítico para todos los países.

En Colombia no hemos tenido casos de esa magnitud, pero ya se denunció que un cirujano plástico en Santander recibió la primera dosis de Pfizer gracias a engaños. Tenemos que estar alerta y actuar siempre con transparencia. No permitamos que la esperanza de las vacunas se desdibuje gracias a la corrupción.

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