Por: Luis I. Sandoval M.

Hechos de guerra y pedagogía de paz

A estas alturas de diálogos formales avanzados Gobierno - FARC, y diálogos exploratorios también avanzados Gobierno - ELN, no es posible seguir produciendo indiscriminadamente hechos y más hechos de guerra por parte de los insurgentes y por parte del gobierno y sus fuerzas armadas.

Es una falsa táctica plantear, por parte de las guerrillas, que el accionar militar las hace fuertes en la mesa de negociación. Es otra falsa táctica del gobierno creer que los golpes militares a las guerrillas las obligan a negociar. Lo que unos y otros lanzan es un mensaje chocante que aumenta el descreimiento entre la ciudadanía.
Se está hablando mucho de pedagogía para la paz equiparándola a información y divulgación sobre el avance de los diálogos y su alcance. Sin duda pertinente, pero absolutamente nugatorio mientras los diarios atentados contra la infraestructura, bombardeos, incontables muertes y mutilaciones de civiles, policías, soldados y guerrilleros, sigan alimentando la percepción de que no se quiere terminar la confrontación.

Las mutuas descalificaciones y agresiones encaminadas a dañar a la contraparte política de los diálogos, lo que están produciendo es una deslegitimación del proceso en su conjunto. Se agotó el modelo de negociar en medio del conflicto.

Se impone cambiar la lógica de palabras y hechos. No se puede seguir mirando al pasado, hay que mirar al futuro. Si las conversaciones obedecen a la “decisión mutua de poner fin al conflicto como condición esencial para construcción de paz estable y duradera”, o sea, que las partes no se levantarán de la mesa hasta que haya acuerdos de paz, lo lógico sería que todo se hiciera para preparar la llegada de los nuevos tiempos, tiempos de reconciliación y convivencia, reconocimiento de adversarios no de enemigos, desarrollo de la conflictividad propia de la sociedad por canales de real democracia. El futuro que queremos debe sobreponerse a la inercia del pasado que buscamos superar.

Se ha reconocido carácter político al conflicto armado interno, pero no se han sacado todas las consecuencias de ese reconocimiento. Una consecuencia es dialogar para que lo que tiene naturaleza política tenga una salida también política. Eso se está haciendo y es necesario que se haga bien, no se detenga y llegue hasta el final. Otra consecuencia es hablar un lenguaje que dé tratamiento político a actores políticos. Otra ganar políticamente a la opinión para validar los acuerdos con el voto. Otra disponer el país para acoger a los actores que pasan de las armas a la política. Otra desarrollar inéditas posibilidades de relacionamiento, la diversidad de opciones, la protesta social y el ejercicio de la oposición con garantías.

Los movimientos sociopolíticos que están surgiendo, en un momento de precariedad de los partidos y la representación política, tienen un inmenso valor porque están convirtiéndose, junto con otras expresiones sociales y políticas, regionales y nacionales, en portadores de las reformas que conlleva la paz y en sujetos del proceso de transición en curso. Sujeto y proyecto son inseparables. Las reformas necesarias, serias y profundas, no se obtienen por una acción tecnocrática desde arriba o solo por la iniciativa de las instituciones públicas, se requiere el impulso, la visión y la pasión de auténticos movimientos de transformación y cambio.

Los insurgentes no se recuperan para seguir con más fuerza en la guerra, como se dice, si se establecen acuerdos humanitarios o, inclusive, se decide realizar un cese bilateral de fuegos. La que gana es la sociedad tan largamente victimizada. Solo hechos y gestos de paz devolverán a la ciudadanía la confianza en la llegada de la paz.

[email protected] / @luisisandoval

 

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