Hidrógeno limpio, hidrógeno sin apellidos

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El mundo no deja de avanzar y su ritmo es cada vez más veloz. El avance tecnológico, la innovación y los nuevos desarrollos han tenido crecimientos sin precedentes. Esta década no será diferente, será más rápida.

Las innovaciones energéticas evidencian este mayor ritmo de cambio, en particular lo ocurrido en estos últimos 200 años. El crecimiento del uso de la máquina de vapor tuvo un desarrollo desde el inicio del siglo XVIII hasta comienzos del siglo XX, las turbinas de vapor y los motores eléctricos han sido usados desde 1880, y las turbinas de gas datan de 1930. Las formas modernas de energía tienen una vida promedio más corta, porque avanzan más rápido.

Una de esas innovaciones está ocurriendo dentro de la industria del gas natural. Este sector está ejecutando un plan de descarbonización y modernización para el desarrollo de un combustible cada vez más limpio y confiable. En este proceso está el aprovechamiento del hidrógeno, el elemento más abundante del universo, pero imposible de encontrar en el planeta en estado puro.

Cuando el hidrógeno se produce a partir de la electrólisis con energía eléctrica obtenida de fuentes renovables se denomina hidrógeno verde, y cuando se produce a partir del gas natural, con captura y almacenamiento de dióxido de carbono, se denomina hidrógeno azul.

Aunque en ninguno de los dos casos hay emisiones de gases de efecto invernadero —lo cual los hace fundamentales para lograr las metas ambientales de neutralidad de carbono—, sus costos actuales son diferentes. Según Platts Analytics, el hidrógeno azul se puede producir a un costo aproximado de $1,40/kg, mientras que el hidrógeno verde cuesta $4,42/kg. Lo importante es que en ambos casos estamos hablando de hidrógeno sin emisiones, por eso no es necesario ponerle siempre un color como apellido.

Al respecto, la Unión Internacional del Gas ha dicho que el uso del gas natural, el hidrógeno, el biometano y las tecnologías de captura y almacenamiento de carbono ayudarán a disminuir en un 30 % las emisiones de gases de efecto invernadero del sector energético. Y de acuerdo con el Hydrogen Council, el mercado del hidrógeno al 2050 podría representar el 18 % del uso de la energía final.

Hay un factor positivo para Colombia: la infraestructura de transporte y distribución basada en gas natural tiene el potencial de conversión futura al hidrógeno y así aprovechar los 8.000 kilómetros de infraestructura a lo largo y ancho del país. El uso de estos gasoductos y redes para mezclas de hidrógeno y gas natural permitirá alargar la vida útil de los activos de transporte y distribución de gas, disminuyendo sus costos.

Innovar y adaptarnos es un deber industrial y gubernamental. Colombia debe avanzar en la normatividad y regulación que permitan que el hidrógeno ayude a aumentar la seguridad energética, al tiempo que se lucha contra la contaminación del aire y el cambio climático. También tendremos que trabajar como país para que los sectores intensivos en consumo de energía sustituyan sus equipos, para consumir hidrógeno en el futuro.

Mensaje de cierre: el debate sobre la transición energética tiene múltiples aristas que, erróneamente, pueden generar pasiones. Como sector, invitamos siempre a que sea un debate de ideas, con argumentos académicos y apertura intelectual, pero, sobre todo, basado en el respeto.

* Presidente (e) de Naturgas.

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