Por: José Roberto Acosta

Hipocresía económica

Ni la Reserva Federal, ni el Secretario del Tesoro Americano, se creen su cuento de que les interesa un dólar firme cuando a manos llenas han emitido dinero como nunca en la historia, y justifican que lo seguirán haciendo con el argumento de que el crecimiento se ha frenado.

Todo vale, con tal de sacar a flote el gran buque norteamericano que parece apostarle todo a sus exportaciones, debido a que su demanda interna no muestra señales de recuperación y los precios de su mercado inmobiliario siguen deprimidos.

Sin embargo, la ayuda monetaria sólo llega a Wall Street sin penetrar en las capas menos pudientes de la sociedad. Una ayuda solo para los ricos. Por lo anterior, los índices accionarios siguen rompiendo al alza niveles sólo vistos antes de la crisis de 2008, mientras el desempleo no afloja y las expectativas de consumo no crecen.

Por su parte, en Colombia, además de la oportunista subida de impuestos, aplicada por cuenta de la reciente declaratoria de Emergencia Económica, el Ministro de Hacienda anuncia reforma tributaria a tramitar por el Legislativo, incumpliendo su promesa de campaña, so pretexto de la crisis invernal, que también dejó al desnudo la incapacidad del Estado en materia de control ambiental, urbanístico y vial del territorio nacional en la última década, camuflándose en un discurso de seguridad militar que no se complementó con nada más que programas asistencialistas de corto plazo y espíritu politiquero.

El Banco de la República parece ser el único sensato, al subir nuevamente su tasa de interés hasta el 3.75% y no titubear ante presiones inflacionarias, que se verán gravemente afectadas por los estragos hechos por el agua. Y aunque esta medida puede seguir presionando el precio del dólar a la baja, sus compras diarias de veinte millones diarias de la divisa americana, son el único paliativo existente ante la falta de disciplina fiscal del Gobierno.

Mientras que, para la Reserva Federal, la inflación de materias primas en los mercados mundiales es temporal, y no le incita para subir su tasa de interés o frenar la desbordante emisión de dólares, el Banco de la República prefiere no confiarse y, en línea con la mayoría de bancos centrales del mundo, continúa apretando sus clavijas monetarias.

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