Por: Juan Pablo Ruiz Soto

Hipopótamos y G8

TREMENDA BULLA SE ARMÓ EN EStos días por la muerte de un hipopótamo, la noticia recorrió el país y no hubo habitante que no se refiriera al tema.

Mientras, otros agresivos animalazos del mismo tipo andan sueltos y parecemos ignorar su peligro. Algunos de ellos empiezan a domesticarse después de haber vivido en el reino del capitalismo salvaje o del socialismo de alta contaminación e igualmente salvaje. Me refiero a los países miembros del G8, las economías más fuertes del mundo, cuyo desarrollo económico ha degradado el medio ambiente, lo que hoy resulta en el calentamiento global, un fenómeno que nos afecta a todos y especialmente a los países pobres.

Esos hipopótamos son grandes y generan gran impacto. Para tener algunos referentes, la economía de Estados Unidos es 66 veces más grande que la colombiana, y la de los G8 representa más de 50% de la producción mundial. Un norteamericano promedio emite 14 veces más CO2 que un colombiano y entre Estados Unidos, Rusia y Japón aportan 30% del total de gases efecto invernadero.

El 9 de julio en Italia concluyó la reunión de líderes del G8 en la que se comprometieron a proponer, para la reunión post Kioto sobre cambio climático que se realizará en Dinamarca al final del año, reducir para 2050 las emisiones mundiales 50%, y en los países industrializados un 80%. También se comprometieron a hacer todo lo posible para evitar que el incremento de la temperatura sea mayor a 2 grados. Entre los miembros del G8 las acciones han sido muy distintas, ya en 1996, Inglaterra, Alemania, Italia y Francia se habían comprometido a reducir las emisiones, lo nuevo es que ahora Estados Unidos, Rusia, Japón y Canadá también lo hacen. Los acuerdos en Italia son un avance, pero están lejos de proponer acciones contundentes de corto plazo.

En la cumbre no se tocó la herramienta principal del G8, el comercio internacional. Una actitud responsable del G8 sería no comercializar entre ellos, ni con otros países, bienes que generen una contaminación innecesaria, y comprometerse a transferir y hacer disponibles las tecnologías ambientalmente sanas para los procesos productivos en el mundo en desarrollo.

Los hipopótamos no son sólo los del G8. En el país también se crían grandes animales, como la minería, que crece a pasos agigantados, pues en 2008 creció 150% comparado con el año pasado y hay más de 7.500 títulos de concesiones vigentes. Otros animalazos son: los agrocombustibles, cuya producción y consumo aumentan apoyados por el Gobierno con legislación y subsidios; la destrucción de todo el sistema natural de regulación hídrica en los Llanos Orientales, desecando ciénagas y construyendo diques para establecer monocultivos; así como la pésima calidad de los combustibles que contaminan el aire que respiramos, estos entre otros grandes animales que provocan graves impactos.

En fin, tanto dentro como fuera del país son muchos los hipopótamos que andan libres, a los cuales debemos poner atención. Lo único positivo del reciente asesinato del hipopótamo en el Magdalena Medio es que demostró la sensibilidad nacional frente a los temas ambientales. Es necesario un llamado de atención a los medios de comunicación para que usen su gran poder y reorienten sus esfuerzos para contribuir a que Colombia se enrute por el sendero del desarrollo sostenible ambientalmente sano. Las acciones individuales y las gestiones institucionales deben combinarse para alcanzar resultados y es un tema que debe tener prioridad en la agenda política.

* El autor es economista con especialidad en manejo de recursos naturales en el Banco Mundial. Los puntos de vista aquí expresados son del autor, no representan ni pueden atribuirse a la entidad para la cual trabaja.

 

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