Por: Lorenzo Madrigal

Hipótesis

SUPONGAMOS QUE EL OPERATIVO no fue exitoso. Que el rescate militar tropezó con un contrainformante, el cual puso sobre aviso a los mandos medios guerrilleros acerca del engaño.

Engaño que comprometió el tema de la mediación internacional. Dijo el ministro Santos, para pasmo humanitario, que se trataba de una “coincidencia feliz” la presencia de “esos dos sujetos”, en alusión a los mediadores.

Llega el helicóptero, disfrazado de blanco y bermellón, como si llegara Rodríguez Chacín, se permite que descienda la tripulación, con sus camisetas estampadas del Che y, ¡oh sorpresa!, se la captura. El plan de contingencia del Ejército Nacional entra en acción y “vuélvese aquello el Juicio Final”.

Las familias, la de Íngrid a la cabeza, el propio presidente Sarkozy, quien había clamado porque se evitara un rescate de guerra, las ONG, toda la comunidad nacional e internacional se levantarían en protesta contra el “sátrapa de Uribe” y su gobierno. La Corte Constitucional, viendo al Presidente en picada, resolvería deslegitimar de una el que ha sido su segundo, abusivo, período presidencial. De otra reelección, ni hablar.

Yo no soy amigo del fútbol, pero esto es parecido. Me doy cuenta de lo que le sucede al técnico, si el resultado es de derrota. En política las operaciones de riesgo (y un partido de fútbol lo es) se miden por el resultado. Como todo salió bien, el técnico es exaltado, los cuestionamientos se archivan y la perpetuidad en el poder se vuelve axioma. “El pueblo puede premiar a quien lo ha hecho bien”, ha dicho la líder rescatada, amada por todos, presagiando el inmediato futuro.

Pero no quepa la menor duda: se trató de un operativo de alto riesgo, de un rescate, si no propiamente a sangre y fuego, sí a capa y espada, como tal vez deba decirse ahora, según la cartilla oficial. Claro que la acción incursiva resultó de una precisión que sorprende al mundo. Fue, sin duda, de película y se la filmará. El célebre actor Paniagua bien puede representar a Juan Manuel. Se le parece.

Álvaro Uribe Vélez es contratado para otras fechas. Cesan las críticas, se editorializa en favor y las encuestas están a reventar por él y por Íngrid, quien salió plena de fortaleza física y, como la cerveza Club Colombia, perfecta.

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El regocijo por la vida y la inteligencia incólume de esta mujer internacional; la dicha y el orgullo por los soldados y policías; el desquite que significó para una Colombia humillada un operativo eficaz e incruento; la misma libertad de los norteamericanos desagradecidos, que todo ello nos haga olvidar, de momento, la dictadura ad portas de Uribe Vélez.

 

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