Por: Augusto Trujillo Muñoz

Historia viva

Álvaro Tirado Mejía es una voz fundamental en el ámbito de la historia colombiana. Profesor de la Universidad Nacional en Medellín y en Bogotá, investigador del IEPRI, columnista de prensa, embajador en Suiza, presidente de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA, es autor de varios libros sobre historia política, social y económica, sobre asuntos constitucionales y sobre política internacional.

Es, en síntesis, un notable protagonista de la vida nacional, un destacado intérprete de su compleja realidad, uno de sus grandes valores intelectuales. Además representa una auténtica historia viva de más de medio siglo, vivido por él, en escenarios de excepción. Historia viva es también el título de su último libro, publicado en dos tomos por la Universidad Autónoma Latinoamericana de Medellín.

El primero se publicó el año pasado. Como lo señala su nota liminar, contiene, entre otros textos, una miscelánea de artículos de prensa, reportajes y semblanzas de algunos personajes de la vida nacional. Tirado escribe sobre estadistas como Alfonso López y Darío Echandía, sobre pensadores como Gerardo Molina y Antonio García, sobre personajes nacidos en su misma tierra como Fernando Gómez Martínez o Juan Zuleta Ferrer. Recoge toda una historia que podría enmarcarse entre la vida de Enrique Olaya Herrera en la primera mitad del siglo XX y la de Alfonso López Michelsen en la segunda, para así citar otras dos figuras históricas de las cuales se ocupa.

El segundo tomo acaba de ver la luz y, como el anterior, tiene más de 450 páginas. Es, ciertamente, una historia viva porque recoge el fenómeno de las violencias, de los derechos humanos, de lo que podría llamarse nuestro constitucionalismo, cuyos ejes centrales son la reforma de 1936 y la Carta de 1991. Sus textos, aunque escritos hace algún tiempo, significan una reflexión que sigue gravitando en torno a las circunstancias actuales del país y del hemisferio.

El propio autor anota que quien lea sus textos verá que se trata de un eterno retorno. Es como si, con rasgos diferentes, la problemática siguiera siendo la misma. Por eso los dos tomos de la obra son una especie de historia del presente. Álvaro Tirado sabe, con Octavio Paz, que la reflexión sobre el ahora no implica renuncia del futuro ni olvido del pasado. El presente es el sitio de encuentro de los tres tiempos. Luis Villoro lo escribió de otra manera: La historia es un intento por explicar el presente acudiendo a un pasado que es su condición necesaria; pero aquel y éste sirven para prospectar el futuro y no tener que aceptarlo como venga.

Álvaro sostiene lo mismo pero, además, lo muestra. En uno de sus textos, publicado en El Espectador el 17 de marzo de 2000, urge sobre la necesidad de construir entre todos el posconflicto e insiste en pensar el futuro que queramos. De lo contrario, “tendremos que aceptar el que nos impongan las circunstancias” (p. 94). Es un texto que parece escrito hoy o para hoy. En él se pregunta: ¿Cómo construir un sistema judicial efectivo para que sea creíble? ¿Qué hacer con los compatriotas que, de tiempo completo, se dedicaron a la guerra? ¿Cómo reconstruir el tejido social gangrenado por años descomposición? Allí está presente el eterno retorno. No parece que Álvaro esté validando los asertos de Paz y de Villoro. Parecería, más bien, que ambos hubieran alcanzado a leer la Historia viva de Álvaro Tirado Mejía.

* Exsenador, profesor universitario. @inefable1

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