Por: Augusto Trujillo Muñoz

Historia y turismo

Honda es una ciudad histórica. Probablemente la más importante del interior del país, durante trescientos años.

Después de la fundación de Mariquita en el año 1551, emergieron resguardos y encomiendas en la región, pero en la zona de los Ondamas, a orillas del gran río, se fue formando poco a poco un puerto que creció simultáneamente con la gigantesca empresa colonial. Por eso Honda, como pocas ciudades de Colombia, hunde su raíz entre la historia y la leyenda.

Muy rápidamente Honda se convirtió en eje de las comunicaciones hacia el interior del virreinato. Cuando, en 1781 se extendió la noticia de que José Antonio Galán, el comunero, se encontraba en las cercanías del puerto, sus habitantes se rebelaron contra las autoridades y Juan Gutiérrez de Piñeres, Visitador Regente de la Nueva Granada ordenó la inmediata defensa de la villa: “Honda debe ser defendida a toda costa, porque es la garganta del reino”.

Paralelamente se convirtió en un centro económico, en torno al cual llegó a moverse casi toda la actividad empresarial de la república. Son célebres las palabras del ex presidente Alfonso López, uno de sus hijos ilustres: “En Honda, un emporio comercial con una tradición secular, y hasta donde, entonces, se había dado cita la actividad económica de la república en su tráfico de importación y exportación, se abrieron mis ojos asombrados a la inmensa realidad de nuestra patria mestiza, mulata y tropical”.

También Honda es una ciudad turística. Tiene para mostrarle al visitante la impronta de su historia, pero también la belleza de su geografía, de su singular arquitectura, de sus múltiples puentes, de su festival de la subienda, de su paisaje urbano. Todavía en la primera mitad del siglo xx, Colombia iba y venía cotidianamente por el Magdalena, antes de que los nuevos tiempos trajeran consigo otras vías de comunicación más rápidas. Honda sigue siendo, por antonomasia, la ciudad del río.

No es fácil encontrar en Colombia una ciudad con similares características, con tantas cosas para conservar y con tantas potencialidades para desarrollar, como la ciudad de los puentes. Por eso es grato ver la movilización de los hondanos en estos momentos de emergencia que viven su ciudad y su región. Según los directivos de la Cámara de Comercio, por el cierre de vías los empresarios de Honda, Guaduas, Mariquita y Fresno registran una disminución del 90 % en sus ventas.

Reclaman, además, por la mala gestión de entidades como la CAR, Cormagdalena y Cortolima frente al manejo y control de los recursos ambientales, y por la falta de atención del alto gobierno a soluciones viales –como el túnel de Cocoló- para superar un problema crónico que, no sólo afecta a Honda, sino a las comunicaciones de Bogotá con el resto del país. Piden habilitar el aeropuerto de Mariquita para la operación comercial, lo cual resulta lógico por la emergencia vial, pero también como signo de la época.

La Cámara de Comercio local, cuya gestión le ha dado legítima vocería de la sociedad civil, y con  ella dirigentes del sector educativo, cultural, turístico y social, echan de menos la atención que, tanto desde Ibagué como desde Bogotá, deben prestarle el gobierno, las entidades públicas y los dirigentes políticos. Han solicitado medidas puntuales, han sugerido respuestas concretas y han ofrecido su concurso económico para la solución de sus problemas. Más no puede hacerse desde la sociedad civil.

Lo demás debe hacerse desde las instituciones públicas y, evidentemente, no se está haciendo.  Los reclamos, por fortuna, se vienen cumpliendo en forma civilizada, pero ya hay quiénes quieren ejercer otro tipo de presiones. Hace algunos meses Honda celebró un foro sobre las perspectivas del desarrollo de la región, con la presencia de un grupo de congresistas y el domingo anterior la visitaron varios ministros. Unos y otros asumieron compromisos. Es hora de comenzar a cumplirlos.

*Ex senador, profesor universitario

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