Historias chiquitas sin contar (II)

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Mientras el escándalo de los seguimientos ilegales a opositores, defensores de derechos y periodistas se desarrolla a toda velocidad, nos llegan anuncios tranquilizadores por parte de las instituciones involucradas explicando que todo se solucionará por medio de la “transparencia”. “Integral” y “transparencia”: dos palabras malditas del español colombiano. La segunda se ha convertido en la expresión más opaca del diccionario.

Es que aquí no se ha dicho ni de lejos todo lo esencial relacionado con el temible episodio. Lo que parecería haber es más bien la intención de querer taparlo con palabras biensonantes, cortinas de humo y la media lengua de rigor. Eso se entiende fácilmente si uno lo imagina como si fuera un simple chisme de barrio o de oficina. “Pedro le robó a María un dinero para espiar a José”. Cuento sustancioso y carnudo, ¿cierto? Pero, oh sorpresa, a los colombianos aún no nos han contado quién es Pedro. O, saltando de la analogía a la materialidad del hecho: sabemos que los militares colombianos se gastaron en chuzadas a enemigos percibidos una plata que dieron los gringos para combatir el narcotráfico. No más.

 

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