Por: Antonio Casale

HLP

Uno entiende que los futbolistas exitosos son jóvenes, que se encontraron con todo lo que muchas veces ni siquiera soñaron. El deporte es una manera de escapar de la pobreza y en algunos pocos casos no sólo se logra ese objetivo, sino que además se convierten en millonarios.

Pero el entorno no prepara a los futbolistas para el éxito. Son unos cracks con la pelota, pero son básicos e inexpertos en las demás materias. Sus formadores se interesan por ganar dinero y hacerles ganar dinero a ellos sin importar lo que tengan que hacer.

En esa realidad se mueven los jugadores de fútbol. Por eso no es extraño ver futbolistas derrochar su dinero en banalidades materiales propias de su edad. No son muchos los que, como Falcao o James, invierten sus ganancias de manera inteligente y calculada. Pero bueno, cada quien se gasta su plata como quiera.

Pero si no los forman para manejar su dinero, mucho menos lo hacen para sobrellevar la fama y las actitudes propias de su edad, como lo que tiene que ver con su comportamiento fuera de las canchas. Los jugadores en su mayoría se casan muy jóvenes, tienen hijos antes de los 25, es decir, antes de saber lo que significa la gloria, y cuando ésta llega se les hace difícil encontrar el equilibrio.

Independientemente de que la justicia argentina demuestre que los jugadores colombianos que militan en Boca Juniors hayan violentado o no a las damas que los acusan de ello, el hecho cierto es que los agarraron mal parqueados buscando lo que no se les había perdido. Les hicieron un daño grave a sus familias, que sufren sin necesidad las consecuencias de su inmadurez.

Alguno dirá que ese es un asunto de ellos y tiene razón sólo hasta cierto punto, porque si las cosas no marchan bien en la casa, difícilmente marchan en la oficina, y la oficina de un jugador de la selección nos importa a todos.

Probablemente nadie les ha dicho a los futbolistas de la selección que no solamente se representan a sí mismos. El que se pone la amarilla representa a un país que ve en ellos todo lo que un ser humano debe ser. Son el ejemplo de la escala de valores con la cual quisiéramos que nuestros hijos crecieran.

Es hora de que Pékerman les exija a sus jugadores un comportamiento ejemplar para el país dentro y fuera de la cancha.

De mi parte, una recomendación básica para comenzar: señor jugador del equipo de todos, no sólo su esposa merece respeto. Su equipo y el país también. Por eso cuando tenga muchas ganas de embarrarla, mejor HLP.

 

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