Por: Juan David Ochoa

Hombre de guerra

Ni el gobierno enfermo de los ocho largos años de histeria pudo contar con la gracia de tener en el atril de sus ladridos a un ministro simétrico y acorde a las atmósferas de su bravura.

 Quien ocupaba el trono de defensa solía gritar con gravedad estratégica, y recreaba con sus puños apretados la imponencia de la furia. Pero su pirotecnia era inconstante y bipolar, y en otros contextos adoptaba una modorra verbal que sorprendía. Ahora, ese extraño ministro de defensa propulsado por el régimen es el actual gurú del pacifismo desde el máximo poder, pero cuenta? ¡ironía perversa!, ¡comedia vulgar!? con un ministro suficientemente atrabiliario, duro y recio en su hambruna de bombas y de balas, hasta irradiar la impresión de ser enviado por un viejo patrón para vengar la historia de la guerra interrumpida.

Juan Carlos Pinzón grita sin nervios, explota sin control. No le intimida anteponer su deseo a los proyectos de su jefe inmediato, no le perturba haber conmutado su oficio por el de la guerra, no se doblega en su monólogo de paranoia repetido y aumentado con el mismo ritmo de los puntos superados en La Habana. Tiembla y vibra en sus gruñidos de prejuicios, nunca relaja el ceño de su oscuro carácter, y se atreve incluso a cuestionar sistemas de justicia internacional creados para subsanar sociedades fracturadas por los círculos viciosos del terror y del resentimiento.

¿A qué sigue jugando el ministro de defensa Juan Carlos Pinzón? ¿Desconoce los síntomas de los Estados fallidos, o se resiste a creer que los derrumbes de la guerra lo destronen de su cargo? Sigue sin comprender, como siguen sin comprender los ultras del Uribismo cavernario y la secta mariana del procurador, los argumentos con los que fue creada, en el mismo contexto latinoamericano, la Justicia Transicional: el único método eficaz para que el río de sangre se detenga y la reparación de la verdad y de las víctimas empiece. No comprenden o no quieren comprender en su retórica monomaniaca de ortodoxias, que este recurso fue creado justamente para trascender, con métodos alternos de condenas y aperturas de verdades, las sombras de las sociedades perdidas en la infinitud de las masacres y en la ineptitud corrupta de sus sistemas de justicia. Sigue ignorando el ministro Pinzón que el resquebrajamiento ético es total, y no exclusivo de guerrillas o Bacrim, y que la impunidad nacional alcanza el 95% desde todos los ángulos posibles, y que los jueces se venden por sobornos de hambre, y que esa hambre sigue siendo el combustible de la mafia y de la guerra.

Este desastre desbordó los límites mismos de la diplomacia y tiene la culpa esparcida sobre todos los sectores y los nombres. Es el desastre que tendrá que superar el nuevo ciclo de esta historia después de la hipotética resolución del conflicto. Y al ministro Pinzón se le ocurre sostenerse en la brillante idea de seguir combatiéndolo a disparos. Quiere un caos plagado de muertos combatido a tiros. Esa es la política del díscolo ministro que desde el centro mismo del gobierno sigue obstruyendo el proyecto primordial.

Ruge juan Carlos Pinzón, y es admirable como encarna una vez más, ahora en otro cargo y otro cuerpo, el espíritu ubicuo del Señor de los odios y las sombras.

@juandavidochoa1

 

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