Por: Lorenzo Madrigal

Hombres (y mujeres) en la luna

LO CURIOSO DEL MOMENTO POLÍTIco es que, hallándose en el mando un hombre popular, y más que eso populista, familiarizado con maniobras constitucionales para perpetuarse, se den simultáneamente muchos aspirantes, por lo general autoproclamados. Todos a la espera de que la torta se le caiga al panadero y en refriega de ambiciones haya un reguero de migas.

En la luna están políticos apreciables como el muy popular Antanas Mockus, quien, para ser justos, no se ha lanzado, el jurista Alfonso Gómez Méndez o el que repite un nombre histórico: Carlos Holguín; como también la multilocuente Marta Lucía Ramírez. Anda por ahí ese legado de Galán que es Iván Marulanda, de maletín viajero y envejecimiento prematuro en las ideas más liberales de cuantos aspiran en esta hora. Llega de último, con privilegiada presentación mediática, el nuevo Alfonsito (López), jugando a la resurrección de sus ancestros.

¿Qué hacen todos estos “haciendo cola” para el Transcuatrienio que los transportaría de esta vida común a la historia? La opinión no se lo explica, pero ellos saben lo que hacen. Posicionarse trae réditos considerables. La vicepresidencia espera a algunos de ellos, un alto grado en el escalafón político a otros o la nombradía reiterada, que por insistencia lleva a alguna parte.

Los que se han afirmado con más fuerza en la superficie lunar parecieran estar en la antesala del poder. Un Rafael Pardo, quien muy a pesar de sus pares, encabeza en el llamado Partido Liberal; un Juan Manuel Santos, sin mayor carisma, pero al que muchos deben estar viendo como el héroe para enfrentar a inamistosos vecinos; un Germán Vargas Lleras, tras refinado lanzamiento y quien puede repuntar y desbocarse en cualquier momento. Un Lucho Garzón, el que, desde una izquierda que no sea chavista, podría recoger la gran masa popular, porque Carlos Gaviria se fatigará nuevamente tratando de emerger de un sector excluyente y dividido.

Hay otros que no se pueden omitir si de una enumeración se trata. Sergio Fajardo es uno, de avance tan inusitado como incierta suerte política; o Noemí, ansiosa de insistir en viejas glorias, indefinida, a quien no imagino recogiendo firmas. Olvidaba, pero me suenan dos que no llegan (demócratas en estos tiempos totalitarios): Cecilia López Montaño y alguien muy singular, quien fuera altivo senador, Héctor Helí Rojas (a mí me gustó).

Navega con José Obdulio, en raras aguas, un tenue Rodrigo Rivera, aspirante in pectore de Uribe. Reúne las condiciones de discreción, sujeción, buena dicción y aparente furor bélico, todo ello garantía para el capataz del Ubérrimo en 2014. Dios salve a América y nos salve a todos de algunos de éstos, aquí mencionados o no (José Galat, Uribito).

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