Comunidad y desarrollo

Homenaje a las madres

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Queridas madrecitas: por su día y a la distancia —por la cuarentena del coronavirus—, vuestros hijos ausentes las saludamos, como siempre, con emoción, alegría y reconocimiento, augurándoles muchas felicidades y pidiéndoles bendiciones de la mano del Dios todopoderoso.

En esta fecha, quisiéramos estar a su lado, para festejarlas, cubrirlas de besos y abrazos, darles gracias por habernos llevado en sus entrañas durante nueve meses y, después, conducirnos por los caminos correctos de la verdad y la vida.

La semilla que cimienta y el amor con la pareja para generar una nueva vida son todo un monumento de pulcritud y de grandeza, descrita desde los inicios de la humanidad como el verdadero milagro de la procreación del género humano.

El ser más sublime sobre la tierra es la madre, que con su amor maternal, ternura y cariño ha proporcionado a la humanidad los hombres y mujeres más valiosos que con sus acciones, liderazgos y proyectos continúan escribiendo las páginas más bellas de nuestra historia.

Por eso, en el día dedicado a honrar su existencia y memoria, un sentimiento de amor y gratitud invade todas las fibras de nuestro cuerpo; ellas se estremecen con solo mencionar su nombre y en la alacena de los recuerdos —ya en los remotos años de nuestra existencia— reposan como un preciado tesoro las luchas y desvelos que tuvieron que enfrentar para sacarnos adelante y enseñarnos a ser hombres útiles a Dios y a la sociedad.

Queremos hacer llegar nuestro saludo de solidaridad a todas las madres de Colombia, pero también a quienes, por diferentes circunstancia de la vida, se encuentran privadas de la libertad; esperamos que muy pronto la recobren y regresen a sus hogares a reencontrarse con sus hijos y demás familiares. También, a quienes por equivocación se encuentran vinculadas a grupos subversivos y criminales, para pedirles que recapaciten, que su misión en este mundo como mujeres y como madres es dar ejemplo a sus hijos dándoles una verdadera formación moral y de servicio.

Pidamos perdón a las madres que han sido víctimas del feminicidio, a manos de sus propios esposos o compañeros. A estos esperpentos humanos les decimos que más les valdría no haber nacido, pues con su violencia contra la mujer están demostrando ser unos cobardes y toda una vergüenza ante Dios y ante la sociedad.

Como mujeres, Dios las premió con todos los encantos y atributos para ser generadoras de vida; como madres, tienen en su conciencia la enorme responsabilidad de levantar y formar unos hijos para que, en el día del mañana, sean ciudadanos de bien.

Madre, mujer y vida

La cumbre de tus años me enternece,

Tu presencia maternal me da la vida,

Suplico a Dios conservarte muchos años,

En el pedestal de tu gloria y mi existencia

 

Eréis ángel de bondad y tolerancia,

Estrella que alumbra mi camino,

Con nueve meses de amor en tus entrañas,

Eres la máxima expresión en la vida y el destino

 

Los meses de tu gesta prodigaron

El futuro del hijo que anhelabas,

Fueron noches de ternura, en que dijiste,

Donde está tu corazón, yo pongo mi alma

 

¿Cuántos años han pasado, madre mía,

Del arrullo en tu pecho y el regazo?

Tus canas, que son mis alabanzas,

Son plegarias a Dios por tus bondades.

 

Quisiera regresar a tus entrañas,

Te lo juro por mi patria, madre mía,

Para estar libre de rufianes y rapaces,

Mientras vuelva a brillar la luz del día.

 

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