"El joropo es la altanería del llanero": Cholo Valderrama

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Por: Felipe Zuleta Lleras

Homicidio sí, genocidio no

SE CUMPLEN EL MARTES 20 AÑOS DEL homicidio de Luis Carlos Galán,  que no  genocidio, como lo han sostenido algunos funcionarios judiciales, con la única finalidad de que este horrendo crimen no prescriba.

Loable misión, pero completamente traída de los cabellos e ilegal. Y no es genocidio porque éste hace relación al crimen sistemático de un grupo de personas, como por ejemplo sería el caso de los 4.000 miembros de la UP, crímenes que cometieron el Estado y los paramilitares. Pero de esos sí no habla el procurador Ordóñez. ¿Crímenes de primera y crímenes de segunda?

Todo este vericueto jurídico tiene un nombre propio: Condenar a Alberto Santofimio como responsable del crimen de Galán, con base en el testimonio del sicario Popeye, quien 17 años después recordó que dizque Santofimio —en su presencia— le habría dicho a Escobar que matara a Galán.

Santofimio podrá ser de todo, menos bruto, y jamás hubiera sostenido una conversación así teniendo como testigo a un sicario. Si así hubiera sido, lo deberían condenar por bruto, no por criminal. El malhechor Popeye no tiene nada que perder y de golpe mucho que ganar en transacciones con la Fiscalía. En el proceso también está el testimonio de Virginia Vallejo sosteniendo algo parecido. ¿Y por qué creerle a la Sra. Vallejo lo que se relaciona con este caso pero no hacerlo cuando sostiene que Escobar era amigo del “doctor Varito que nos ayudaba mucho en lo de las pistas y los vuelos”?

Increíble que el proceso esté vivo, cuando hay sentencia absolutoria a favor de Santofimio por parte del Tribunal Superior que no deja dudas sobre su inocencia. ¿Acaso en este caso no existe el principio de favorabilidad?

A Galán lo asesinaron Escobar y Gacha, y de eso no hay la menor duda. No lo mató Santofimio. E insisto: su asesinato, tanto como el de Gómez Hurtado, Mamatoco, Jaime Garzón y Jorge Eliécer Gaitán, fue un homicidio, no un genocidio.

Pero además les confieso que si bien el crimen de Galán me dolió en el alma, pues era la única esperanza que teníamos en esa época, 20 años después creo que no resulta equitativo que los colombianos tengamos que seguir pagando por un crimen que no cometimos todos.

Por cuenta de este atroz asesinato la familia del inmolado líder ha pelechado del Estado en todas las instancias, como si fuera una obligación de todos los colombianos mantener a ciertos miembros de la familia Galán. Estoy seguro de que el Dr. Galán jamás, absolutamente jamás, hubiera dejado que algún miembro de su familia hubiera tenido puesto o contrato con gobierno alguno. Ese era su talante. Pero otra interpretación ha tenido su familia desde cuando nuestro líder fue vilmente asesinado.

Perversamente, como todo lo que decía el viejo López Michelsen, alguna vez sostuvo que Galán —como las yucas— había producido más estando bajo la tierra.

Ojalá la familia Galán entienda que la memoria del Dr. Galán no se puede prestar para injusticias, como lo hubiera exigido nuestro líder.

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