Por: Antieditorial

Homofobia

Uno de los temas más tratados en el artículo es el respeto, y creo que sin duda en Colombia falta aprender más sobre este valor, tanto por los heterosexuales como por la comunidad LGBTI. En lo que respecta a las manifestaciones excesivas de afecto, éstas deberían quedar relegadas a la intimidad, pues es incómodo que tanto heterosexuales como homosexuales abusen de ellas a plena luz del día.

No está en cuestión una manifestación ligera de amor, o que me esté introduciendo en terrenos de ser mojigato, no, sino que hay algunas actitudes que pasan el pudor y la decencia. El respeto se da y se recibe de forma recíproca. A menudo los heterosexuales son agredidos visualmente por los LGBTI, aunque esto no debe ser de ninguna de las dos partes. No podemos confundir la orientación sexual con la indecencia, con las palabras salidas de tono o vulgares. Un homosexual no debe ser sinónimo de un ser mal educado o que carece de modales básicos. El que lo sea es porque no se ha identificado de manera plena con la sexualidad que escogió, no es lo que realmente desea ser o desea sobresalir de manera inadecuada para llamar la atención. Muchos LGBTI son un modelo de trabajo, de educación, de amistad y de valores.
 
No hay derecho a que los homosexuales reciban un trato discriminatorio, sean avergonzados, golpeados o asesinados; estos son delitos que están en contra de los derechos de cualquier ciudadano colombiano. Sin embargo, no estoy de acuerdo con que se deban priorizar los casos de violencia de la comunidad LGBTI: cualquier delito en Colombia tiene el deber de ser investigado y los culpables de ser sancionados. La impunidad en Colombia es sinónimo de ineficacia de la justicia. De primar la investigación de un delito acaecido contra un LGBTI sobre alguno del que haya sido víctima un heterosexual es hablar de un favorecimiento de la ley, y debe haber equidad para todos los colombianos. Si un funcionario, al administrar justicia, no es imparcial o discrimina por condiciones de orientación sexual, estaría violando la ley y podría considerarse que está haciendo un tipo de obstrucción.
 
Científicamente se sabe que la homosexualidad no está ligada a la genética. La orientación sexual depende de dos aspectos fundamentales: factores psicológicos y la decisión de la persona. Como sabemos, si una persona decide cambiar de sexo o ser homosexual esto lo ampara la Constitución nacional bajo el libre desarrollo de la personalidad y, aunque no se comparta, la decisión debe ser respetada y tolerada por cualquier ser humano.
 
El odio que se dice irascible de los heterosexuales a los homosexuales, en algunos casos, no va en una sola vía: este problema se revierte en muchos casos. El punto básico es que todos debemos aprender a respetarnos, a tolerarnos, a obedecer las leyes, a tener actitudes que no lesionen la buena convivencia, que no se puede vulnerar el derecho del otro a ser diferente: homosexual o heterosexual. Un país educado permitirá que todos podamos vivir en una sociedad pacífica, y depende en gran parte de cada ser humano cultivar el respeto como valor individual, porque afecta a todos los miembros de la comunidad donde nos desenvolvemos. Asimismo, la ley debe ser aplicada sin distinción alguna, porque esto es uno de los ideales de la democracia. Todos formamos la raza humana, los heterosexuales y los LGBTI: por ello debemos aprender a ser mejores seres humanos.
 
Limos
 
*En respuesta al editorial del 30 de marzo de 2015, titulado “Contra la homofobia”

 

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