Por: Yesid Reyes Alvarado

Homosexualismo, sociedad y derecho

COMO PARTE DEL DEBATE SOBRE la posibilidad de que las parejas homosexuales puedan adoptar hijos se ha dicho que, de aceptarse, se estaría exponiendo a los niños a un rechazo que no sólo afectaría su estabilidad psicológica sino que incluso los podría llevar a desarrollar conductas antisociales.

Esa no es una afirmación que cuente con un respaldo científico. Sin embargo, y sobre el supuesto no demostrado de que hubiera alguna relación entre la identidad sexual de los padres y alteraciones en la conducta de sus hijos, convendría preguntarse en qué medida el derecho y su interpretación influyen en el comportamiento social.

El tema es tan antiguo como polémico y para el caso concreto puede resumirse en una pregunta: si jurídicamente fuera válida la adopción por parejas homosexuales, ¿existiría un rechazo social a esa práctica? O formulada de manera inversa: ¿no es la prohibición legal la que motiva una censura hacia quienes actúan de esa manera?

La condición de ciudadanos de segunda que durante muchos años les confirió la ley a los llamados hijos naturales (definidos en una época como “de dañado y punible ayuntamiento”), explica el desprecio con el que se los trataba y los profundos daños psicológicos que se les ocasionaban a algunos de ellos. La imposibilidad legal de disolver el matrimonio civil a través del divorcio, junto con la sanción penal a quien se desposara estando vigente ese indisoluble vínculo anterior, condujo a un fuerte rechazo social no sólo hacia quienes así actuaban, sino respecto de los propios hijos de padres separados.

Cuando una correcta interpretación del derecho llevó al reconocimiento de que los hijos tienen los mismos derechos sin importar si fueron o no procreados en el seno de un matrimonio, socialmente perdió toda importancia la diferencia que hasta entonces se hacía entre ellos dependiendo del estado civil de sus padres. Desde que se trazó una línea divisoria entre las uniones religiosas y las laicas, se aceptó legalmente el divorcio en estas últimas y se abrió la posibilidad de que pudieran contraer segundas nupcias, no sólo desapareció el morbo que existía respecto de estos vínculos, sino que en el plano social dejó de ser tema de preocupación si los progenitores de alguien viven juntos. Y lo que es más importante, esos infantes no se sienten en condición de desventaja ni necesitan por ello más atención psicológica que la de quienes cohabitan con padres que no se hablan, que discuten o que simplemente son poco afectuosos o distantes con ellos.

Estos son ejemplos de cómo el derecho puede ayudar a moldear la conducta social. Frente a la decisión que dentro de poco tomará la Corte Constitucional sobre la posibilidad de que las parejas homosexuales puedan adoptar, sería deseable que no se cayera en la trampa de creer que el derecho debe ceder frente a un hábito social. Ojalá se entienda que la forma más efectiva de acabar con el rechazo que algunos sienten hacia los hijos de parejas homosexuales es declarando que desde el punto de vista jurídico el Estado colombiano no los discrimina y que está dispuesto a respaldar, con la fuerza de las normas, su derecho a un trato igualitario.

 

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