Por: Santiago Villa

Hong Kong

Es el escenario opuesto al del muro de Berlín. Mientras a un lado flaquea una fortaleza económica del mundo libre capitalista, al otro lado el titán comunista se robustece. Han pasado casi 30 años a la fecha desde la caída del Muro, y la gran lección que se debía llevar el mundo -que los habitantes de una ciudad pueden tumbar a un imperio-, está lejos de repetirse, aunque aún no se olvida.

Timothy Garton Ash, periodista británico que escribió de primera mano sobre Berlín en 1989, dijo en 2016, durante una conferencia en Beijing: “Si algo debe enseñarnos la experiencia del muro de Berlín, es que no sabemos qué puede pasar en el corto plazo. Una situación puede parecer inmodificable, escrita en piedra, y de un momento para otro simplemente deja de serlo”.

Comparaba de forma bastante evidente cuán sorpresiva le pareció la caída de la Unión Soviética con cuán sorpresiva podría ser en el futuro una apertura del sistema chino. Es irónico, porque el comentario no habría sido posible si el sistema chino no se hubiese abierto ya en una medida nada despreciable; si bien es cierto que el presidente actual, Xi Jinping, está más atento a limitar los espacios en los que puede darse esa modalidad de “disidencia pública tolerada”, que casi siempre se expresa en una lengua extranjera, entre extranjeros y para extranjeros.

Entonces: ¿está Hong Kong perdiendo su libertad?

Cuando se hace esta pregunta generalmente me gusta acompañarla de otra: ¿hace cuánto tiempo tiene Hong Kong esta libertad?

La respuesta a la primera pregunta es “sí”. La respuesta a la segunda, que Hong Kong mientras fue colonia británica, entre 1847 y 1997, obtuvo libertades gradualmente, pero una de las reformas más comprehensivas fue en los años 80, cuando Reino Unido estaba ya en negociaciones para entregar la isla. Había cierto optimismo con la idea de usar a Hong Kong como una suerte de detonación a profundidad dentro del sistema comunista chino; que la riqueza y las oportunidades que abría Hong Kong hicieran por China lo que Berlín hizo por la Cortina de Hierro.

Pero esas libertades hoy parecen (mañana no sabemos) una estrategia fracasada. De ahí que Reino Unido no esté muy entusiasmado en hacerlas defender. El comunismo ya no es lo que era durante los años 80, y sobra decirlo, Reino Unido tampoco. El sistema chino no es tan opresivo como lo fue cuando la Cortina de Hierro casi no hay punto de comparación, y los dueños anteriores de Hong Kong no solo carecen de herramientas efectivas para presionar a China durante 30 años más, y estar en una suerte de crisis perpetua con uno de sus principales socios comerciales, sino tampoco les interesa defender las libertades de una ciudad que no les representa tanta riqueza. Antes Hong Kong era más rica que todas las ciudades chinas puestas juntas, y ahora su economía es más pequeña que la vecina Shenzhen.

Ya va a medio camino el proceso y, fiel al lugar común, China está ganando la carrera de larga distancia. El que Reino Unido esté más interesado en el brexit que en Hong Kong no hace sino demostrar cuán lejos está la isla de su pasado imperial.

Es probable que Hong Kong sea una antesala a lo que China pretende hacer con Taiwán, pero hay un par de importantes diferencias. La primera es que nadie discute que Hong Kong hace parte de la República Popular de China. La segunda es que Hong Kong ha sido un asunto de los británicos, mientras Taiwán es un asunto de los americanos y los muy bien armados taiwaneses. Esa sería una invasión pura y dura, no un proceso en el que China tiene todas las de ganar, si tan solo procede con prudencia y paciencia.

Hasta ahora ha procedido así. Ha sido prudente y paciente en su reacción, mientras los manifestantes comienzan a perder apoyo. Por amor a los ideales que representan, ojalá los hongkoneses conserven espacios de libertad después de 2047, pero lo veo improbable. El único ámbito en el que se percibe espacio para la negociación es el ritmo del cambio. Si se pueden mantener intactas las libertades, de forma que el proceso de integración al sistema chino comience en 2047, o si se puede desacelerar la velocidad de un cambio que será traumático, y que China parece que quiere comenzar lo antes posible, para tener una Hong Kong plenamente integrada en el 2047.

Twitter: @santiagovillach

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