Por: Reinaldo Spitaletta

¡Hosanna Obama!

EL MESÍAS HA LLEGADO. TRANSITAmos por el sendero de las ilusiones y las esperanzas.

Hay fiesta universal o, como también lo dice el lugar común, es un momento histórico, según el cual, y gracias a los milagros mediáticos, el imperio desaparece y en su lugar surgen –no sólo como símbolo–, las oportunidades y la libertad y el cambio de traje. Lo proclaman Aretha Franklin y una bella canción de Glenn Miller. Y el mundo es hoy otro.

La prensa (y todos los medios) habla de la nueva era, y bajo el hechizo caen intelectuales, derechistas, izquierdistas (y de pronto hasta “extremoizquierdistas”). El “rebaño desconcertado” está feliz ante las palabras del orador, ante su baile, cómo baila de lindo el presidente del mundo, por fin uno que dice que las guerras se pueden ganar respetando el imperio de la ley y los derechos humanos, según “nuestros padres fundadores”. Atrás quedaron las bombas atómicas sobre pueblos vencidos, el millón de muertos en Irak, las intervenciones en América Latina…

El hombre que dijo que ayudará a las naciones más pobres para que florezcan sus huertas y fluyan sus aguas limpias, el que dará de comer a los miserables y alimentará “las mentes hambrientas” ha hecho olvidar, de súbito, que el emperador no es más que una pieza del engranaje general del poder y de las guerras. Ya no se puede mirar el mundo así. Y, según los profetas del neoliberalismo, hablar de imperialismo es asunto de necios e idiotas. Ya un presidente de los Estados Unidos no es un pelele de las transnacionales, ni de los banqueros, ni de la industria militar. Eso –dicen los prosélitos– finalizó con el gobierno de Bush.

Todos los políticos pronuncian discursos generadores de ilusiones y esperanzas. Y todos tienen encima la gracia de Dios. Pero la marca Obama sí sacó la pelota del estadio. Es la era del cambio (palabra comodín y de combate de todos los políticos), y alguien, menos crédulo, grita que eso es puro gatopardismo. Obama –dicen los arúspices– es diferente. Qué importa, por ejemplo, que haya heredado de Bush al belicista jefe del Pentágono, Robert Gates. Gajes de la política.

Obama ha provocado “eyaculaciones” emocionales tanto en los sionistas, en los neoconservadores, en la izquierda “libertaria”, en los partidarios del libre mercado, como en algunos ateos y comunistoides. Qué importa que entre sus colaboradores y asesores estén, por ejemplo, políticos que provocaron las guerras de los últimos veinte años, y diseñadores de las pautas económicas causantes de la quiebra financiera y la recesión. Pero todo eso se esfuma porque el mercadeo mediático lo muestra como el presidente del cambio.

Y aunque su elección –como lo señaló Chomsky– fue producto del activismo de los años sesenta, que tuvo “efectos civilizadores”, a nadie se le ocurre destacar como una conquista más importante el que en Bolivia hayan elegido a un indio o en Brasil a un sindicalista. La sociedad del espectáculo se reanima con Obama, que sin duda tiene una corte imperial de astutos propagandistas. Tal vez el cacareado cambio lo pueda hacer la flamante Secretaria de Estado Hillary Clinton, que apoyó la reactivación de la Cuarta Flota para disuadir a los pueblos de América Latina que antagonicen con los intereses del imperio, promovió las invasiones a Irak y Afganistán y propuso bombardeos nucleares contra Irán.

A Obama, eso sí, le toca reconstruir el imperio, hoy hecho trizas, y la tarea no se consigue sólo con permitir –tan generoso– que las naciones pobres tengan flores en sus huertas. Tendrá que obedecer a los banqueros, a las corporaciones, al “lobby judío”, a los monopolios de hamburguesas… Que habla bonito, no hay duda. Y que baila, también. Pero la geopolítica imperial es otro cuento. Ya ordenó ataques con misiles contra Pakistán. ¡Hosanna Obama!

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2009-01-26T23:00:00-05:00

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