Por: Iván Mejía Álvarez

Hoy como ayer

La historia es cíclica, se repite cada tanto, y parece que nunca se aprenden las lecciones. Hace 21 años, para el Mundial de Estados Unidos, tras una magnífica eliminatoria, Colombia tenía el rótulo de favorita y estaba pletórica de exitismo, agrandada en todos los sentidos.

En el proceso previo se enfrentaron equipos de borrachos, rivales sin el menor atisbo de seriedad, simplemente comparsas que ayudaban a incrementar el triunfalismo. Ya se sabe cuál fue el resultado.
 
Hoy, 21 años después, las similitudes son increíbles. Desde que Pékerman renovó su contrato sólo se ha hecho un partido serio, contra Brasil; los demás juegos han sido ridículos. Canadá, El Salvador, Baréin, Kuwait, Costa Rica. Bedoya y Pékerman, apoderados de la selección, nunca desearon enfrentar rivales serios. Rivales que aportaban los bandidos de Full Play en el curioso contubernio que tienen con Bedoya y que nunca ha explicado el hoy investigado presidente.
 
Han sido nueve meses después del Mundial en los que no se ha trabajado. El técnico vive de la renta del Mundial. No ha buscado elementos para el recambio, se quedó con su guardia pretoriana y víctima de sus favoritismos con algunos jugadores. Es lamentable el estado físico técnico de algunos de sus protegidos, como Zúñiga y Armero. Cuadrado y Falcao, quienes habían jugado bien contra Costa Rica, mostraron ante Venezuela su falta de continuidad. En la selección no juegan los que mejor están sino quienes mejor lo hicieron en el pasado.
 
Contra Venezuela se jugó muy mal y la memoria sólo recuerda el nefasto primer tiempo contra Chile en Barranquilla como antecedente inmediato. Un equipo sin actitud en el primer tiempo y sin aptitud en el segundo. La inicial sin ganas, sin vehemencia, mal posicionada, regalando la banda izquierda para el ataque, sin un volante que sacara el equipo desde el fondo, sin nadie que auxiliara a James en la creación, con Cuadrado perdido y sin que la pelota llegara limpia a los de arriba. Y en el segundo, cuando le metieron ganas, la dispersión de la idea, la falta de conceptos tácticos terminó llevando a que se intentara todo por la vía de la testosterona y nada por la vía del orden. Un desastre absoluto.
 
Venezuela jugó bien, compacto, con cinco volantes, manejando las transiciones, peleando la pelota y el control posicional, con una idea clara. Ellos lo hicieron todo bien, nosotros mal. Hoy como ayer, los papelones son consecuencia de los malos procesos y del agrande. Al perro sí lo castran dos veces.

 

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