Por: Armando Montenegro

Hoy como ayer

En los años 60 del siglo pasado reinaron el temor y la ansiedad por la posibilidad de un conflicto nuclear entre la Unión Soviética y Estados Unidos, una tercera guerra mundial que destruiría el mundo, a tal punto que, según Einstein, si más adelante se llegaba a dar la cuarta guerra, ella se pelearía con palos y piedras.

Estos sentimientos se avivaron con el impacto de la guerra en Vietnam. El rechazo de los jóvenes a ese conflicto animó multitudinarios movimientos de protesta en contra del gobierno de Estados Unidos, su poderío militar y las bases económicas sobre las que se sustentaba. Además de las marchas y disturbios, los sentimientos de inconformidad se reflejaron también en una explosión de creatividad en la música, el cine, la literatura y la moda de esos años, alrededor de figuras como Bob Dylan, Joan Baez, Susan Sontag, Norman Mailer y Joan Didion, entre muchos otros.

Los jóvenes percibían que estaba en riesgo la posibilidad de gozar de un futuro próspero y predecible como el que habían tenido sus padres. Todo podría acabar en un instante por las explosiones atómicas o la metralla en los pantanos asiáticos. Rechazaban, por ello, la sociedad que permitía esas guerras y apoyaba una peligrosa carrera armamentista, al tiempo que se negaba a enfrentar la pobreza y la discriminación en sus vecindarios.

Más de 50 años después, al cabo de varias décadas de prosperidad y crecimiento, con un menor riesgo de guerras atómicas, se presenta, de nuevo, una enorme y creciente amenaza existencial derivada del cambio climático y el calentamiento global, fenómenos que podrían, al cabo de unas décadas, destruir buena parte de la vida y la civilización.

En forma creciente, los jóvenes, otra vez, ven esta amenaza con mayor claridad que sus mayores. Serán ellos quienes padecerán los impactos del cambio climático en las décadas futuras. Surgen para ellos grandes interrogantes sobre el curso de sus vidas y, si acaso, las vidas de sus hijos y nietos.

La brecha causada por el cambio climático no solo separa las percepciones de padres e hijos. En muchos casos, divide y aleja las posturas de confiados e impacientes, ambientalistas y negacionistas (como Trump y Bolsonaro). Así como sus abuelos lo hicieron en los años 60, en forma creciente, los jóvenes de hoy cuestionan la sociedad que heredan de sus padres, critican sus patrones de producción y consumo, los mismos que, paso a paso, llevan a la destrucción del planeta.

Como ya es evidente en la vida pública colombiana, cada día más, los jóvenes les dan una altísima prioridad al medio ambiente y el cambio climático. Sin embargo, la intensidad de sus manifestaciones y reclamos todavía no es tan masiva ni ruidosa como lo fue en los años 60. Comienzan a aparecer, sin embargo, novelas, películas y canciones que reflejan la creciente ansiedad por lo poco que se hace para evitar una crisis que ya empieza a manifestarse. Con fenómenos como los incendios de Australia y los agudos cambios del clima en muchas partes del mundo, una prefiguración de los desastres por venir, seguramente se elevará la presión de los grupos conscientes de la gravedad del problema, con la esperanza de que, como en aquellos años, tenga un impacto sobre los gobiernos, las empresas y el conjunto de la sociedad. Ojalá no sea demasiado tarde.

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2020-02-14T19:46:04-05:00

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2020-02-15T13:54:08-05:00

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