Por: Catalina Uribe

Humano demasiado humano

“¿Y qué si no la violó? ¿quién de aquí no se ha acostado con una vieja ebria?”, dijo un conocido en una reunión el otro día.

Como era de esperarse empezó la disputa de la minifalda y Andrés Carne de Res. De nuevo, la conversación se centró en los estereotipos y la violencia sexual hacia la mujer.

Me llama la atención que no se haya abordado una frase igualmente polémica: “la chica ha sido abandonada en el autoparque”. Es decir, ha sido arrojada ahí. Ha sido dejada inconsciente, indefensa y sola. Tirada, como ya nos reprocharíamos de hacerlo con un perro. ¿Cómo podemos ignorarlo?

“Éste es un infeliz que viene perdido y es necesario socorrerle, pues todos los extranjeros y pobres son de Zeus”, escribe Homero, pues la hospitalidad, en caso de necesidad, es obvia. Pero no para nosotros. La muy trajinada controversia alrededor de Andrés ni lo mencionó. Lo grave sería violar, pero es apenas natural dejar a alguien abandonado en un potrero.

Pero así sucede con todo. No en vano nuestros escándalos se enfocan en los asuntos meramente legales. Para nosotros, lo que debe o no debe hacerse, se define por lo que permite o no llamar a la policía. Es cultural. Sin embargo, que algo sea ilegal no es siempre lo único escandaloso. También es grave infringir las leyes invisibles, ésas que son tan básicas que no tienen porqué estar en los códigos.

Si fue consentido o fue violación es, por supuesto, un asunto que le concierne a la justicia. Pero si alguien, incluso nuestro enemigo, fue dejado solo e indefenso, es un asunto que le concierne a nuestro sentido común. Uno pensaría que es inhumano abandonar a alguien así, pero nuestra discusión probó que no; para nosotros es humano, tal vez, demasiado humano.

 

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