Por: Armando Montenegro

Humboldt: un precursor

Es interesante revisar la extraordinaria vida y obra de Alexander von Humboldt (1769-1859), un verdadero precursor de las ideas ambientalistas, cuando en París se discuten planes para evitar las catástrofes del cambio climático.

Humboldt fue uno de los primeros científicos en plantear que la tierra es un organismo cuyas partes están íntimamente interconectadas y que las acciones del hombre interfieren y afectan lo que hoy se llama el medio ambiente. Advirtió que la actividad económica puede alterar el orden de la naturaleza, causar desastres e influir sobre el aire, el suelo, el agua, el clima y la suerte de todos los seres vivientes. Hace 200 años insistió en los peligros de la desforestación y la explotación irracional de los recursos naturales, que no sólo dañaban el medio ambiente, sino que, entonces, se basaban en la esclavitud y el abuso sobre los indígenas.

La nueva biografía del sabio alemán, escrita por Andrea Wulf (The Invention of Nature: Alexander von Humboldt’s New World. Knopf, 2015), nos muestra los perfiles de un personaje apasionante, interesado en las ciencias, las artes y la política, convencido de que la razón y la ciencia le abrirían nuevas fronteras a la humanidad. Sus exploraciones en América, Europa y Rusia, descritas en decenas de libros, fueron verdaderas aventuras que cautivaron y educaron a miles de lectores de su época. Humboldt creyó apasionadamente en la libertad y la igualdad de los seres humanos. Como hijo de la Ilustración, despreció las monarquías y los fanatismos. Se entusiasmó con la Revolución Francesa y el proyecto liberal de Estados Unidos; fue amigo de los revolucionarios suramericanos y con sus escritos ayudó a crear entre ellos el proyecto de América, un continente maravilloso, libre e independiente del despotismo europeo.

Humboldt no fue sólo un gran testigo de su tiempo, sino un interlocutor de sus grandes protagonistas. Además de sus diálogos con los principales científicos, entre ellos el joven Darwin, fue contertulio de Goethe y Schiller; dialogó y mantuvo una fluida correspondencia con Jefferson, Madison y Bolívar. Como una verdadera celebridad, todos los años de su vida recibió y respondió miles de cartas de sus lectores y admiradores.

La biografía de Wulf narra el paso de Humboldt por Colombia y Ecuador. Describe su viaje a Bogotá para visitar y conocer la obra de Mutis. Luego su travesía por el camino del Quindío, observó “el fuego en el volcán de Pasto” y estuvo en Quito durante varios meses; en Ecuador escaló el Chimborazo, que se creía que era el monte más alto del mundo. Entre tantas cosas, Wulf relata la amarga frustración de Francisco José de Caldas después de que el alemán rechazara sus aspiraciones de viajar e investigar a su lado.

A los 90 años, Humboldt murió en Berlín rodeado de la admiración de todo el mundo. Para entonces ya estaba desencantado de la política: había observado la restauración de la monarquía en Francia; la guerra “imperial” de Estados Unidos contra México; y la dictadura de Bolívar. Pero siempre mantuvo su entusiasmo por la ciencia y la naturaleza. No se hubiera podido imaginar que, en el siglo XXI, los principales gobernantes del planeta se tendrían que reunir para tratar de evitar la destrucción del planeta a manos del hombre, un proceso que él comprendió y explicó hace 200 años.

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