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hace 6 horas
Por: Brigitte LG Baptiste

Humedales urbanos, una categoría híbrida

Una de las premisas de la ciencia moderna aplicada a la gestión es el carácter diáfano de los objetos intervenidos, un presupuesto teórico que nunca corresponde a la realidad, más compleja que el lenguaje y más inestable que la pureza de las ideas. Como persona transgénero, experimento todos los días las dificultades que una identidad variable o difusa representa para los abogados y los gestores, poco acomodados a la multiplicidad de cualidades de cualquier entidad, más si está viva…

Los humedales urbanos representan un reto muy grande en la planificación, ya que en el imaginario de las personas la forma de las aguas, parafraseando una hermosa película, tiende a ser menos fluida y cambiante que en el territorio, donde se expresa de maneras efímeras e incluso contradictorias, ajustadas a ciclos geológicos y climáticos que se comportan también de maneras muy particulares. De hecho, la sabana de Bogotá era un gigantesco lago producto del derretimiento de los glaciares de las montañas circunvecinas hace apenas 20.000 años, un ecosistema netamente acuático que poco a poco se fue transformando a medida que el calentamiento natural del planeta avanzaba. Bochica, por otra parte, intervino la historia al desaguarlo, con lo cual los pueblos muisca encontraron un nicho maravilloso para prosperar en lo que a su llegada era un gran pantano, que también modificaron sin estudios de impacto ambiental, a tal punto que hoy aún vemos la huella de su ingeniería en gran parte de la ruralidad de Bogotá: una planicie de inundación que se convirtió en un gigantesco sistema de canales y diques para pescar capitanes y guapuchas, cazar patos, cultivar maíz y mantener curíes en abundancia.

El proceso de desecación se consolidó con la llegada del urbanismo sólido y los edificios chuecos que reemplazaron el lago Gaitán. Los demás relictos acuáticos derivaron en basureros, terrenos para la especulación de funcionarios corruptos y, al final, parques urbanos donde el agua sobrevivió gracias a vecinos, organizaciones comunitarias y funcionarios responsables. Pero nada de ello dentro de la estabilidad imaginaria que algunos pretenden atribuir al humedal sabanero; lo que hoy tenemos es un paisaje totalmente híbrido y donde, por efectos de las mismas transformaciones, quedan espacios más o menos inundables en medio de las construcciones, como es el caso del humedal El Burro (protegido) y los campos ocasionalmente inundados del predio que para algunos es un Burrito, para otros una propiedad privada con perspectivas de construcción. Ese Burrito, tras cientos de años de trasiego territorial, tiene problemas de identidad y se convirtió en (otro) fruto de la discordia entre perspectivas ambientales, que no se van a resolver con la intransigencia del sí/no en la que, pareciera, han derivado todos los debates en Colombia.

Las condiciones híbridas tenemos derechos y, por eso, creo que la salida a los cuellos de botella de muchas controversias ambientales está en ellas y su proyección hacia nuevos escenarios de gestión. En vez de pretender preservar algún pasado o pretender clarificar el estatuto inmobiliario puro del predio, existen posibilidades de transformarlo de manera que se mantengan, e incluso mejoren, las condiciones ecológicas del territorio. Sugerencia extendida al eucaliptal del predio Bavaria.

Ablandemos un poco las categorías pretendidamente perfectas y acostumbrémonos, como en temas de género, a las identidades heterodoxas.

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2020-02-05T09:04:43-05:00

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2020-02-06T11:00:52-05:00

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Humedales urbanos, una categoría híbrida

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