Ideas para una seguridad económica

Los hechos demuestran que era una ingenuidad pensar que estábamos blindados contra la crisis financiera. Contamos con un sector financiero sólido, pero los canales de transmisión de la crisis mundial ya empezaron a afectar nuestras exportaciones, las transferencias hacia Colombia y el empleo.

El crecimiento económico no se produce de manera espontánea y para mantenerlo por períodos largos se requiere de un fuerte liderazgo político e insertarse decididamente en la economía mundial, identificando las oportunidades del mercado. Uno de los temas que preocupan a los analistas es la crisis mundial de alimentos y, justamente allí, Colombia puede desarrollar un potencial que se encuentra virgen: fortalecer la producción agrícola , especializarnos en nuevas líneas de exportación agroindustrial , mejorar la productividad y fomentar el emprendimiento y la innovación en el campo.

Es momento de asumir la conducción de la economía con vigor y serenidad. Aunque el camino esté resbaloso, se necesita visión de largo plazo en el timonel. Es imperativa la definición de medidas que permitan manejar la coyuntura y, simultáneamente, impulsar el largo plazo. Más que recriminaciones a los responsables de la política económica, es urgente proponer acciones y lograr la participación del sector empresarial en su ejecución.

La crisis financiera mundial desvaloriza los activos, reduce el patrimonio de los hogares, disminuye el consumo de bienes y servicios, encarece los créditos, restringe el gasto de las familias , contrae la producción, el comercio y, lo peor de todo, el empleo. Para confrontarla, Colombia debe generar dos escenarios de estrategias: de corto y largo plazo.

En el corto plazo, estimular la demanda interna, expandiendo la inversión y la producción mediante la agilización de la agenda largamente pendiente de infraestructura para la competitividad. Establecer mecanismos financieros de emergencia, créditos blandos y microcréditos para apoyar a pequeños y medianos empresarios y brindar mayor financiación y exención total a nuevos proyectos de asociatividad de productores agropecuarios con alto potencial de mercado interno y externo. Promover nuevos cultivos de granos, hortalizas y frutas orgánicas, tubérculos, aumentar la producción de productos cárnicos y volver al concepto de cadenas agroindustriales para fortalecer diferentes eslabones de la producción nacional en nichos globales de oportunidad que fortalezcan programas para la seguridad alimentaria nuestra y la de otros países.

Asimismo, se requiere reducir las tasas de interés para el consumo especializado (vivienda, vehículo, estudios), eliminar el costo financiero de las transacciones, especialmente la tasa del 4 x mil, y reducir las comisiones bancarias como parte de un gran pacto del Gobierno con el sistema financiero, para facilitar la liquidez, no penalizar el consumo e institucionalizar el ahorro privado.

Para el mediano y largo plazo, debemos priorizar las condiciones de un crecimiento sostenido y una visión ambiciosa de desarrollo incluyente. Realizar un esfuerzo político por lograr tasas de inversión del 25% del PIB, en que al menos el 8% de la inversión pública se destine a educación, formación técnica e investigación científica y otro 7% a infraestructura.

Invertir el 3% del PIB en Ciencia, Tecnología e Innovación para convertir a Colombia en una sociedad del conocimiento. Nuestro bajo ingreso per cápita refleja la asimetría de nuestra capacidad tecnológica, mostrando la incapacidad de generar bienes y servicios con alto valor agregado.

Es urgente acelerar el fortalecimiento del capital humano y para ello una parte sustancial de los recursos de las privatizaciones debe invertirse en educación técnica y universitaria, así como en investigación científica, tecnológica y financiación de proyectos de emprendimiento que generen innovación, riqueza y empleo que motiven la expansión de la economía y faciliten el acceso de la población a los máximos sociales. Debemos procurar una tasa de cambio estable y equilibrada para lograr la competitividad del país en el entorno internacional.

Debemos planear y trabajar para convertir a Colombia en una potencia regional en el mediano plazo y trascender de la seguridad democrática a la seguridad económica, y a la prosperidad democrática, pues esa debe ser nuestra próxima meta.

 Marta Lucía Ramírez. Bogotá.

Esa Bogotá única

En la separata ‘Viaje a través de Bogotá’ aparece una figura emblemática de los años sesenta en la columna de Felipe Zuleta. Aquel señor de venerable figura, sombrero barbisio y paraguas inglés marca Brick con incrustación de oro en su mango y su eterno clavel en la solapa, acompañó nuestras miradas en las calle 14 con séptima; frecuentaba las romerías de los mercaderes de esmeraldas, antes de que llegaran las mafias. Era la calle de los bancos, la del Sears, la del almacén Importex de unos rumanos de apellido Kayath, donde se conseguían las porcelanas bavaria, colonias inglesas Atkinson o 4711, o la cristalería bacarat, las pipas danesas de palo de cerezo; tienda lujosa que frecuentaban los Lleras, Leyvas, Pedro Gómez Valderrama, hasta el maestro Lucho Bermúdez con su colección de briquets o encendedores Ronson o colibrí. Por esa calle subían y bajaban aquellos cachacos vestidos de paño inglés comprados en los almacenes Mitrani, Campos o Record; esa calle fría, llena de neblina y llovizna permanente, amortiguaba el frío intenso con el café tinto y su olor agradable. Esas imágenes se quedarán en la memoria de quienes vivimos esa Bogotá tradicional y única.

 Ernesto Rodríguez Albarracín.  Bogotá.

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