Por: Uriel Ortiz Soto

Iglesias, sectas, credos y religiones

Si bien el artículo 19 de la Constitución Política del 91, garantiza la libertad de culto, esto no quiere decir que las autoridades hagan caso omiso de la vigilancia y control de la gran cantidad de iglesias, sectas, credos y religiones, que se han venido constituyendo en todo el País por toda una laya de delincuentes, que aprovechándose de ciertas personas y comunidades en estado de angustia y zozobra, les hacen creer que son los enviados de Dios, y redentores de nobles causas.

Los líderes de estas instituciones por lo general, son personas carismáticas, muchas de ellas profesionales, con buena facilidad de expresión, dominio de la biblia, con capacidad de convocatoria y liderazgo, lo cual les permite penetrar a los barrios, municipios y veredas, más deprimidos, empezando por llevar mercados y realizar obras de menor cuantía.

Si recorremos los juzgados y las cárceles, no son pocos los mal llamados “Pastores” que se encuentran tras las rejas o huyendo de la Justicia, enfrentando procesos penales por delitos como: abuso de confianza, estafas, abuso sexual violento y corrupción de menores. Lamentablemente para quienes profesamos la fe Católica, tenemos que decir, que nuestra religión no se escapa de semejantes atrocidades.

Existen sectas religiosas tan peligrosas, que tras convencer a los ingenuos “fieles” de entregarles todos los bienes terrenales para “limpiar su alma” y esperar la llegada del Mesías, desaparecen por arte de magia sin dejar rastro, cosa que las autoridades por más que investiguen no encuentran ningún responsable. Son miles las familias que se encuentran padeciendo este viacrucis de haber sido esquilmados por este tipo calanchines que en “nombre de Dios” los convencieron con engaños, hasta tener el cinismo de penetrar a sus hogares a apoderarse sexualmente de la esposa e hijas, a ojos vistos de los jefes del hogar “porque así lo manda Dios” para complacer a sus siervos.

Por lo general, estos sujetos antes emprender una acción delictiva, estudian, muy bien las necesidades más urgentes de los lugares donde cometerán sus fechorías, empiezan a hacerles creer que con su ayuda y la unión de todos, saldrán adelante: como es el caso de las viviendas para los desplazados, o los proyectos productivos para humildes familias campesinas. Son expertos en presentarse en el manejo de los auxilios que entidades Nacionales e Internacionales aportan para contribuir a la crisis social de nuestro País.

¿Qué debe hacerse? Las autoridades encargadas de expedir las Personerías Jurídicas o Licencias de funcionamiento, no deben ser tan lasas en otorgarlas, no sin antes hacer un estudio minucioso sobre su constitución, misión, visión; fines y objetivos; y someter los Estatutos que las regulan a un análisis riguroso, haciendo clara limitación de las donaciones que reciben, con el fin establecerles una revisoría fiscal, partiendo de los Organismos de Control del Estado. No olvidemos que varias de estas iglesias, sectas y credos religiosos, son paraísos fiscales, a través de los cuales se lavan y legalizan dineros del narcotráfico y en general mal habidos. “porque los dineros calientes cuando llegan a las manos de Dios, se enfrían”.

Considero que son suficientes los dos últimos programas de Séptimo Día, sobre el caso de la cruz del Gólgota y la iglesia Salem de Pasto, para que el Ministerio encargado de hacer seguimiento y vigilancia a este tipo de organizaciones, abra bien los ojos, proceda a someterlas a una revisión minuciosa, puesto que se están convirtiendo en todo un problema social, con gravísimas repercusiones económicas para las diferentes instituciones, familias y personas, que se vinculan a ellas con engaños y mentiras.

Lo más triste, es la gran cantidad de menores de edad, de ambos sexos, que han sido víctimas de: obispos, sacerdotes y pastores, que a través de su inducción y comportamiento, los dejan postrados para toda una vida. Se entregan a estos sujetos, la mayoría de las veces con el visto bueno de sus progenitores, con el fin de salir adelante en los programas de un mejor mañana, que finalmente se convierten en toda una dolorosa frustración.

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