Por: Fernando Barbosa
A mano alzada

Ignorancia e innovacion

Algunos piensan con facilidad que los problemas futuros que ya se alcanzan a vislumbrar los resolverá alguien en su momento. Adelantarse a dichos problemas y concebir las soluciones para ayudar a construir futuro resulta menos popular porque demanda esfuerzo. “Crear conocimiento” fue lo que expuso el profesor Masuo Aizawa, eminente personalidad japonesa en el campo de la política de ciencia y tecnología, en una interesante conferencia que dio en la Universidad de los Andes. Dentro de los temas que presentó hubo uno que no es novedoso, pero que vale la pena comentar: el bloqueo intelectual. Si bien el tema no fue explícitamente expuesto, el conferencista lo planteo desde la orilla opuesta: mientras no se flexibilice la mente, no habrá innovación.

Resulta evidente que tanto la fe como las teorías científicas crean mecanismos para agudizar la ignorancia como medio de autoprotección. Es decir, aquello que Donald Rumsfeld llamaba los desconocimientos desconocidos o las cosas que no sabemos que ignoramos. Lo cual tiene sus consecuencias pues, como lo señala el filósofo Whitehead, no es la ignorancia, sino la ignorancia de la misma, lo que mata el conocimiento. Es decir, fomentar la ignorancia es lo que genera la rigidez de las mentes.

Parte de las desigualdades e inequidades que nos rodean tienen su origen en un desbalance en el uso del conocimiento. O lo que es lo mismo, en patrocinar la ignorancia al apartar la crítica y la reflexión en el momento de decidir. En ocasiones, tanto los avances científicos y tecnológicos como las nuevas teorías se ven inmersos en los mitos que se generan a su alrededor. Y la velocidad a la que cambian dificulta la búsqueda de antídotos.

En las organizaciones actuales estamos acostumbrados a una junta directiva que marca el rumbo, un presidente o CEO que lo ejecuta y unos vicepresidentes especializados en cada tema: el financiero, el operativo, el de informática, el de inversiones, etc. Sin embargo, existe un gran vacío en lo que tiene que ver con la identificación de lo desconocido dentro de cada campo y transversalmente. Lo mismo sucede, en mayor o menor grado, con el sector público en el que es más fácil hacer seguimientos.

Si aceptamos que para progresar y competir se requiere innovar, pareciera urgente la adopción de una nueva órbita en la que operara un CIO, es decir, un Chief Ignorance Officer, un encargado de detectar los vacíos de conocimiento. Si bien el conocimiento al igual que el sol nos ilumina, su luz nos impide ver el firmamento que esconde sus misterios, como lo hace la ignorancia, en la oscuridad. El CIO sería el encargado de guiarnos para no dejarnos dar palos de ciego.

Buscar columnista

Últimas Columnas de Fernando Barbosa

La nostalgia del tejo

Mundial: China vs Colombia

Campañas: ayer y mañana

El arte de negociar sin palabras

Cambio de tercio