Por: Juan Carlos Botero

“Impeach” Trump

Es una lástima que no exista en castellano un término tan contundente como “impeachment” para referirse al proceso de destitución de un alto funcionario del gobierno por delitos graves. Me refiero al juicio que quedó asociado para siempre con Richard Nixon por sus actos criminales en el escándalo de Watergate, y a su dimisión en 1974 para evitar su condena por el Congreso de EE. UU. Y es una lástima, insisto, porque ese proceso de destitución es justamente lo que se merece Donald Trump: ser “impeached” de inmediato, antes de que ocasione un cataclismo mundial.

En efecto, Trump debería de ser destituido de la Presidencia y no sólo por razones legales y políticas, sino también morales y éticas. Lo justo sería sacarlo a sombrerazos de la Casa Blanca por muchas fallas, como faltarle el respeto a la viuda de un soldado muerto en una emboscada en Níger, a la que llamó por teléfono para consolarla y la terminó ofendiendo. Por insultar a todos los veteranos de guerra al burlarse de John McCain. Por mentir, de manera comprobada, unas cinco veces al día. Por manosear e irrespetar a las mujeres, y ufanarse de su misoginia sin ningún pudor. Por haberse aliado con Rusia para interferir en las pasadas elecciones presidenciales. Por haber inventado la calumnia de que Barack Obama no había nacido en EE. UU. Por hacer evidente su racisimo, como cuando llamó a los mexicanos criminales y violadores, y cuando quiso impedir el ingreso al país a los ciudadanos de varias naciones árabes, salvo aquellas en donde sus empresas tienen intereses comerciales. Por liquidar de un plumazo el TTP, un tratado internacional de enorme importancia. Por dedicarse a acabar Obamacare, y sólo por destruir todo lo que hizo su predecesor, sin importarle que millones de sus ciudadanos se quedarían sin su cobertura de salud. Por presentar una reforma tributaria que le serviría directamente a él y a su familia, con un ahorro de mil millones de dólares. Por todos sus conflictos de interés, y jurar apartarse de sus negocios durante su mandato, y no cumplir esa promesa un solo día. Por respaldar descaradamente a los neonazis, incluso diciendo que algunos de ellos, en Virginia, “eran muy buenas personas”. Por atropellar mandatarios democráticos, alabar dictadores, deshacer tratados y pisotear organismos internacionales como la Otan, Nafta, Unesco y el acuerdo nuclear con Irán. Por actuar, de manera lunática e irresponsable, con Corea del Norte. Por despreciar a Puerto Rico con su avaricia tras el reciente huracán, y al decir que esa catástrofe “no era una verdadera tragedia”. Por usar Twitter como un adolescente y ventilar en público sus rabias cotidianas. Por insultar a cada juez que falla en su contra. Por atacar a la prensa y tratar de amordazarla. Por salirse del Acuerdo de París y torpedear todo lo logrado en la lucha contra el cambio climático. Por su ignorancia abismal en cada tema de importancia mundial. Por despedir al director del FBI y humillar en público al procurador general. Por irse de vacaciones cada fin de semana. Por polarizar y dividir a la nación, en vez de unirla. Por su retórica alarmista de odio e intolerancia. Por todo esto y mucho más, a Trump lo deberían de “impeach”, o como dicen en algunos países de habla hispana: residenciamiento. Y eso demuestra mi punto inicial.

 

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