Por: Cartas de los lectores

Imperativa reforma judicial

Inaguantable para los colombianos la pandemia judicial por corrupción.

Urge una grande reforma a la justicia para modificar parte de su estructura y formación humana, que comprometen a magistrados, jueces, congresistas, Ejecutivo, funcionarios, miembros de la Fuerza Pública y ciudadanos en el amplio juego de la corrupción con una fuerza devastadora.

Se ha caracterizado por ser una justicia parcializada y politizada, en donde los de ruana han llevado la peor parte, movida con índices del 98% de impunidad.

El narcoparamilitarismo y el sistema neoliberal lograron romper toda normatividad y ética en favor de grupos e individuos. Innegable, también, que en los ocho años de gobierno de Uribe Vélez se acabó con los pesos y contrapesos que la Constitución de 1991 había implementado para mantener el equilibrio de los poderes, ejerciendo un período presidencial de cuatro años.

 Políticos sin méritos jurídicos pasaron a engrosar las cortes y altos puestos judiciales. Los desmovilizados de las autodefensas fueron lanzados al vacío educacional y laboral y regresaron a los grupos criminales.

Entonces se empotró por todo el país y a todo nivel la fatídica corrupción nacional. La reforma tendrá que abolir la Comisión de Acusaciones de la Cámara, el Consejo Superior de la Judicatura. Terminar con el poder de elección de las cortes para que no elijan procurador, contralor y auditor.

El ciudadano, mediante voto popular debiese ser el elector de éstos, incluso el fiscal. A la Corte Suprema de Justicia se le suprimiría el juzgamiento de los congresistas, los cuales no podrían juzgar penalmente a los magistrados y expresidentes. Reforma y actualización del Inpec.

Escogencia por concursos de los servidores públicos que garanticen la pronta y cumplida justicia. La imperativa reforma judicial debe contar con suficiente participación ciudadana para erradicar el problema más grave de los colombianos: la corrupción nacional, similar a agujeros negros destructores de la justicia.

Ómar León Muriel Arango. Bogotá. 

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