Por: Beatriz Vanegas Athías

Importa todo, menos lo esencial

Esa parece ser la consigna que orienta a la izquierda colombiana encabezada por la Colombia Humana-UP, los Decentes, sectores del Polo Democrático y liberales disidentes. En un país conservador hasta los tuétanos, en el que cada década cobra vigencia la metáfora del poeta Juan Gustavo Cobo Borda que sentencia: Colombia es una tierra de leones, cuya única tradición son los errores, no es raro que a la más reciente esperanza de millones de colombianos, es decir, a la Colombia Humana, también le cueste eludir sus errores.

Nuestra izquierda si es que esa realidad existe parece conforme con dos premisas heredadas del anarquismo; la primera: que nunca será gobierno sino oposición y, por tanto, es su destino atravesarse al ya naturalizado conservatismo cual piedra en la rueda de la carreta. La segunda: la falta de tacto y de mesura para dirimir sus desacuerdos y establecer qué es lo esencial: el progreso colectivo o la permanencia de los egos que abundan entre sus militantes.

Basta ver el rostro ya petrificado de Jorge Enrique Robledo en su papel de denunciante acucioso de las más infames corruptelas del gobierno. Pero hasta ahí. Una se pregunta, entonces, ¿qué sería de Robledo sin esa labor de fiscalización? ¿Existiría? ¿Acaso no es tiempo de que la lucidez de los aciertos en sus denuncias sea puesta al servicio de escoger sin mezquindad a un copartidario con reales posibilidades de llegar a la Presidencia? Pero no, puede más el ego o la imposibilidad de perdonarse mutuamente y entonces apuesta por una Claudia López también egocéntrica, difusa y fajardistaque hoy está aquí y mañana está allá con tal de obtener el cargo que catapultaría al derechista llamémoslo por su nombre Sergio Fajardo.

Basta observar a Gustavo Petro siempre adusto, incapaz de conciliar con las mujeres de su partido, apostando por un candidato como Hollman Morris que, si bien ha sido probo, saben ellos que en este país de múltiples morales no se perdona un solo error a la izquierda y por ello ha sido invalidado una vez surgió el escándalo de maltrato e incumplimiento con su familia. ¿Por qué no apostaron Morris y Gustavo Petro por Ángela María Robledo? ¿Se les salió el patriarca agazapado? Incomoda escribir estas líneas porque el país hace sangre en sus veredas y el proyecto político que más se ha preocupado por remediar este derramamiento de sangre es, sin duda, el de la izquierda. Pero…

Mientras tanto, el partido de gobierno, como siempre: calladito, de bajo perfil, entrega avales como en una feria o en un bazar. Y avanza lento, pero seguro, a pesar de que se encuentra con respirador artificial.

En la Colombia sufrida que es casi toda sucede la guerra recrudecida y avalada con la complicidad silenciosa de un gobierno que no tiene quien lo    frene, porque como he dicho están enredados en una maraña de egos. Dejo por aquí este duro retrato de lo esencial, escrito por la periodista Andrea Aldana, a ver si se acuerdan para qué es que están elegidos:

—¿Y cuándo llegaron?

—Hace una semana, mi niña.

—¿Le puedo preguntar qué pasó?

—¡Ay, mijita! Eso estaba muy horrible por allá. Esa gente estaba disparando para todas partes.

—¿Esa gente?

—Sí, esa gente de allá. Es que uno ya no sabe ni quiénes son, todos se visten igual, con la ropa esa, el camuflado.

—Ay, mi doña... pero qué fue lo que pasó.

—Uno ya no sabe, mi niña, estamos dizque en paz, pero esto se puso peor. A mí no me había tocado nunca salirme del ranchito y, vea, nos salimos todos.

—¿Se vino toda la vereda?

—Pues nos vinimos de dos veredas, de una salimos como 18 familias y de la otra veintialgo, nos vinimos casi todos. ¡Qué nos íbamos a quedar por allá! Si es que ellos mismos nos sacaron. Eso está muy peligroso. Allá quedaron, pero unos poquitos.

—¿Cómo así? ¿Allá se quedó gente?

—Sí, se quedaron unos poquitos.

—¿Y por qué se quedaron?

—Porque tenían sus cositas, para cuidarlas.

—¿Cómo así sus cositas? O sea, ¿las casas?

—Nooo, cuáles casas, mi niña. Nosotros vivimos en ranchos, un rancho’e palo usted lo levanta en cualquier parte, allá se quedaron los que tenían sus cositas pa cuidar, que unas gallinas, unos marranos y dos familias que tenían una bestia. Les tocó quedarse pa que no se las roben.

—¿Se quedaron para que no los roben? ¿Pero, mi doña, no es más peligroso quedarse?

—Sí, pero cómo hacen, mi niña, si es que es lo único que tienen. Nosotros nos vinimos porque no tenemos nada, ni una gallina pa cuidar, lo único que tenemos es la vida.

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