Por: Uriel Ortiz Soto
Comunidad y desarrollo

Importancia del Consejo Nacional Electoral

El Consejo Nacional Electoral, CNE, que está regulado por el artículo 264 de la Constitución Política, es de vital importancia en toda democracia; tiene funciones específicas para velar por la pureza del sufragio.

Tomándome la vocería de millones de colombianos, quisiera solicitar al Consejo Nacional Electoral, CNE, que revise las cientos de procesos revocatorios que cursan contra diferentes funcionarios de elección popular; en la mayoría de los casos no se justifican, antes por el contrario, entorpecen la buena marcha de las administraciones regionales y municipales, finalmente no pasan de ser patadas de ahogado de los viudos del poder.

Lo que hace que desde que existe el Consejo Nacional Electoral, CNE, es la primera vez que toma decisiones jurídicas serias como organismo rector que debe velar por la moralización de la actividad política, que se encuentra más que puteada desde los municipios hasta los altos poderes del Estado, pero con mayor incidencia en el Congreso de la República, que es donde se paran los micos y orangutanes de mayor jerarquía, para estabilidad emocional y politiquera de la mayoría de los congresistas, que se engullen las leyes para provecho propio, sin importar las consecuencias presentes y futuras. 

Pareciera que con las decisiones que últimamente ha tomado el CNE estamos saliendo del letargo odioso, donde la conciencia ciudadana y electoral estaba totalmente ignorada y archivada en los vericuetos de la administración pública.

Decir que dicho organismo no tiene funciones que cumplir es pecar de la más crasa ignorancia y permitir que los delincuentes electorales continúen haciendo de las suyas, generando todo tipo de problemas: antes, durante y después de los comicios electorales.

Valdría la pena que organismo tan importante para nuestra democracia, antes de las elecciones del 2018, convocara audiencias públicas, con el fin de informar cuáles son los delitos electorales más comunes en cada una de las regiones de Colombia.

Es hasta folclórico decirlo, pero los caciques y politiqueros de turno se las ingenian para la compra de votos de conformidad con las necesidades e idiosincrasia de los pueblos: la burocracia, el tamal, la lechona y el dinero en efectivo son las banderas más comunes para corromper al elector.

Qué decir también de los contratos leoninos, que una vez esfumados los presupuestos sus obras se convierten en elefantes blancos y finalmente nadie responde por ellas; el trasteo de votos y la trashumancia electoral son también los principales caballitos de batalla para hacerse elegir.  

Total que felicitaciones, honorables magistrados del CNE, continúen desempeñando sus funciones como debe ser y recibirán el reconocimiento del pueblo colombiano, que frente a los comicios del 2018 ve un panorama totalmente obnubilado: la participación en política de las Farc es uno de los grandes desafíos que el CNE tiene para depurar la imagen de entreguismo a un grupo de facinerosos que durante más de 50 años sembró de terror los campos de Colombia.

No se justifica que estos señores de las Farc, que si bien se reintegraron a la vida civil, ahora pretendan dictar cátedras de moral desde las altas fuentes del Estado; son miles los asesinatos que cometieron, miles las humildes campesinas violadas y millones los desplazados que hoy en día claman justicia para que los daños y perjuicios causados les sean recompensados de conformidad con los protocolos de paz del acuerdo firmado en La Habana, con el Gobierno.

Es apenas lógico que todos queremos la paz para nuestro país, pero sin que se violen los derechos de las víctimas a ser resarcidas en sus daños y perjuicios causados por cuenta de una guerra más que todo narcoterrorista, sin ninguna ideología, ni razón de ser.  

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