Por: Miguel Gómez Martínez

Importemos fútbol

ME GUSTA EL FÚTBOL. PIENSO QUE aquel que dijo “felicidad es vivir en gol” describió, de manera muy precisa, esos gloriosos e intensos instantes de alegría.

A pesar de la violencia creciente, voy con frecuencia al estadio en compañía de mi hijo y tengo una hija que juega en el equipo de fútbol de su colegio. Creo que en este deporte se reflejan muchas facetas de la actitud mental de un pueblo.

El fútbol local da grima. Los jugadores carecen de buen estado físico y tienen un lamentable nivel técnico. Nuestro fútbol es lento y con una pobre vocación ofensiva. Por eso tenemos muy pocos goleadores y hay que buscarlos en el exterior. Los equipos juegan con esquemas tácticos defensivos, evitando perder. Un empate es siempre visto como un resultado aceptable y, en muchas ocasiones, asimilado a un triunfo. A ello se suma una dirigencia mediocre y sin visión. Esta característica se extiende a los arbitrajes de bajo nivel técnico y no siempre transparentes. Los equipos profesionales, infiltrados por el narcotráfico durante décadas, sobreviven en un comatoso estado financiero. Ninguno de ellos es un verdadero club deportivo, con socios y la estructura que caracteriza al fútbol internacional.

Pero lo más grave es el estado mental con que se juega al fútbol profesional. Una vieja y obsoleta táctica, denominada el “toque-toque”, acabó el fútbol nacional. El toque-toque consiste en creer que lo importante es tocar el balón en el centro del campo hasta que el adversario le quita a uno la pelota y le mete el gol. El toque-toque tiene sus apóstoles en Maturana, el Bolillo Gómez y Jorge Luis Pinto. Todos ellos son reyes del antifútbol. Salen con esquemas ultradefensivos, desconociendo que el objetivo de este deporte es marcar goles, la mayor cantidad de goles. Reflejan la actitud de los colombianos, más preocupados por el ayer que por el futuro; burócratas en lugar de empresarios; egoístas en lugar de solidarios.

El fútbol refleja el tono de una cultura: el alemán es sólido, el inglés lleno de combatividad, el español es garra, el brasileño es alegre y el argentino apasionado. El nuestro no es nada, pura apariencia y poca eficiencia. Por eso estamos nuevamente eliminados del Mundial, luego de unas deprimentes presentaciones en las que queríamos clasificarnos sin meter goles. ¡Nuestra máxima aspiración es ser campeones mundiales de partidos empatados! Nuestro nivel decae y ahora somos superados por Ecuador e incluso por Venezuela. Una tristeza total. Como todo lo de nuestro país, la dirigencia nunca es responsable ni renuncia frente a un fracaso tan estruendoso. Siguen apoltronados viajando por el mundo, viendo el buen fútbol que no tenemos en Colombia.

Menos mal la televisión nos permite ver buenos partidos de la liga inglesa, la argentina o la española. Podemos apreciar esos equipos que salen a ganar, llenos de verdaderos jugadores profesionales, con arbitrajes que dan garantías y un verdadero deseo de dar un espectáculo.

Propongo que importemos un técnico extranjero para la selección nacional que nos abra los ojos y nos enseñe a jugar el fútbol moderno.

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