Por: Diana Castro Benetti

Imposibilidades

No es rebeldía sin causa mantenerse a leguas de la idea de progreso donde cada paso debe conservar su eficiencia y ser la vía para obtener, lograr, resolver o llegar. Lo inútil también es parte de la vida.

Estamos llenos de actos que no conducen a ningún lado, que no tienen sentido, que no responden a una estrategia definida ni garantizan el éxito inmediato ni la satisfacción completa. Lo útil tiene sus perversiones, como cuando llamamos al amigo sólo para el favor o matamos y comemos del muerto en el ascenso a la esquiva felicidad. Cada paso tiene su razón de existir, pero no siempre está atada a las ventajas de un sistema competitivo. Lo inútil mantiene un grado de despreocupación y desfachatez por lo que opina un entorno práctico. Sin embargo, las inutilidades no son todas las mismas. Algunas viven en la certeza del beneficio, otras simplemente desgastan las emociones y agotan cuerpo y alma.

Y la diferencia entre los actos inútiles que sí nos sirven y aquellos de los que no es asunto de apertura, atención y decisión. Poco puede decirse de si conversar por horas con los amigos resulta en pérdida de tiempo o si trabajar en doble turno repercute o no en un mejor nivel de vida. Lógicas impuestas, lógicas autoimpuestas y lógicas razonables que hacen de la actividad cotidiana la cadena al valor.

Pero es que también hay actos sin lógica que nadie puede aceptar o reconocer. Hay actos sin objetivo que desorientan los planes. Hay actos sin certeza que anudan los destinos sin conciencia.  Hay actos que no obligan y otros que atan en un instante. Y hay unos actos que son casi mágicos, irreales, milagrosos y que poco obedecen a las leyes del mercado o de la gravedad. Imágenes, sensaciones, visiones e irrealidades que se alojan fuera de un mundo concreto y que imaginan un futuro posible. Actos de magia, fuera del orden, con seres indefinibles, en otros tiempos y lugares, de dimensiones inalcanzables, de ciudades inexistentes. Pueden ser posibilidades de luz, de sombras y de leyes inexplicables. Actos de conciencia que desalojan la realidad y atrapan lo irreal. Actos inútiles.

Lo que no sirve nos acosa o abre las puertas a mundos interiores, a otras formas de relación y a la infinitud de posibilidades para un mundo que no quiera ser más el esclavo de la eficiencia. Conscientes o no, lo inútil es parte de nuestro destino y es por esto que el desayuno sabe mejor con unas cuantas imposibilidades para empezar.

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