Por: Andrés Escobar

Impresiones de un europeo

En días pasados almorcé con un europeo algo conocedor de América Latina, quien no venía a Colombia hace casi 30 años.

Al preguntarle por sus impresiones luego de unos días de reencontrarse con Bogotá, dijo que estaba sorprendido con lo poco que había cambiado la ciudad y que le llamaba la atención el marcado contraste con los cambios que había visto en otras capitales suramericanas durante las últimas tres décadas.

Cada observador tiene sus propios sesgos, pero no se puede negar que algo de razón tiene. Bogotá está ahogándose en las incontrovertibles insuficiencias de su infraestructura. Otro tanto se puede decir del país como un todo y no propiamente por los estragos que causó la ola invernal. La calidad y cantidad de infraestructura de transporte de que disponemos nos achica, nos hace crecer menos y nos impide beneficiarnos de los tratados de libre comercio.

Pero así como las vías por las que nos movilizamos en algunas ciudades y entre ciudades no son las adecuadas, también hay serias falencias en la regulación de los vehículos que transitan por ellas. El pico y placa ha promovido el aumento del parque automotor y la tabla de fletes es un anacronismo. El país debería mirar soluciones como los cargos por congestión para las ciudades. Afortunadamente, los sistemas de transporte masivo están creciendo, aunque lentamente, y la tabla de fletes tiene sus días contados, pero queda prácticamente todo por hacer.

Ya que se han abierto las puertas a la reforma del Estado, debería pensarse en revivir la discusión de crear una comisión de regulación del transporte, que se ocupe de los temas de movilidad entre ciudades, compuesta por expertos independientes con periodos fijos y con participación de miembros del Gobierno. Las ciudades deberían hacer lo propio y trabajar de la mano del Gobierno. En cuanto a la gerencia del mejoramiento de la infraestructura, bastante se ha dicho ya sobre el largo camino por recorrer.

Ojalá cuando en unos años el europeo nos visite de nuevo, se sorprenda porque Bogotá y el país han avanzado más que nuestros pares en la región.

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