Por: Ernesto Macías Tovar

Improvisación y afán político

Como todos los escándalos de corrupción con los que el actual gobierno pretendió hacerle daño al anterior y descrestar al país, el de la Dirección Nacional de Estupefacientes DNE, es un caso que se quedó en el show mediático.

Aún están frescos los alarmantes calificativos del entonces ministro del Interior Vargas Lleras tratando de “graduar de corrupto” al gobierno anterior y, de paso, buscando hacerles daño a unos congresistas conservadores, amparado el debutante funcionario en más de cien denuncias que encontró en la Fiscalía presentadas por la propia DNE. Afirmó que esa entidad la habían convertido en un “feudo del hampa”. Y anunció a los cuatro vientos que en seis meses quedaba liquidada esa “cueva de Rolando”, porque “darle sepultura a ese nido de corrupción” era muy sencillo.

Pues ha pasado más de un año de aquellas sentencias y nada ha ocurrido. Por supuesto dirá lo mismo que con el adefesio de la Justicia, que dejó ese ministerio y hoy solo habla de viviendas gratis, luego no va a responder tampoco por la burocracia que contrató para el entierro de la DNE. Sin embargo, le será muy difícil escapar de esa autoría, atribuible a su inexperiencia administrativa y al desaforado afán político. A propósito, ¿es cierto que existen pruebas de tráfico de influencias del actual gobierno en la DNE?

Lo cierto es que más allá del escándalo mediático de aquel momento no era ningún secreto que en la DNE había corrupción, cuando fue el mismo gobierno anterior el que lo denunció, sin ruedas de prensa ni allanamientos o espectáculos. Desde la misma entidad se pusieron 122 denuncias por hechos de corrupción ante la Fiscalía; otra cosa, muy distinta, es que el fiscal Mendoza las engavetó y la fiscal Morales no las miró.

Y contrario a su liquidación la DNE ha crecido aún más debido al incremento de los bienes incautados que tiene a su cargo (75 mil) y a la maraña burocrática. Y el gobierno en vez de anunciar que el organismo seguirá vivo por un año más, debería cambiar la apresurada decisión de Vargas y en un acto de sensatez ordenar su restructuración interna a cambio de la fracasada disolución. La calentura no está en las sábanas.

Si en un comienzo se hubieran olvidado del espejo retrovisor y pensado en el país, ya la DNE estaba restructurada. Y el gobierno que influyó tanto en la fiscal Morales debió exigir celeridad a las 122 denuncias que venían de atrás y hoy los resultados serían distintos. Pero no. Había que hacer el show mediático y el escándalo para salpicar a unos congresistas y al gobierno anterior. Además, era un caso típico para la estrategia de cambiar el nombre de las entidades sin importar sus consecuencias. Cambiar por cambiar para impresionar.

En este caso de la DNE optaron por el camino populista que fracasó, porque todos los plazos se vencieron por cuenta de la improvisación y el afán político. Los noventa días en que se comprometieron para la entrega de bienes al Ministerio de Justicia no se cumplieron; el traslado de procesos tampoco ni la liquidación de los fondos. Muy a pesar del exagerado incremento burocrático no previeron la incapacidad de los ministerios que recibirían la liquidación.

@emaciastovar

 

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