Por: Nicholas D. Kristof

Impuestos y multimillonarios

EL PRESIDENTE DE LA CÁMARA DE Representantes de Estados Unidos, John Boehner, sugiere que la amenaza republicana de permitir que Estados Unidos incumpla los pagos a sus deudas es impulsada por la inquietud sobre los empleos para el estadounidense común.

“No podemos perder esta oportunidad”, declaró al noticiario de Fox. “Si queremos que los empleos vengan a Estados Unidos, tenemos que darles a los empresarios estadounidenses la confianza para invertir en nuestra economía”.

Así que veamos uno de los huecos fiscales que los republicanos en el Congreso se están negando a tapar, incluso si el precio es que los índices de crédito de Estados Unidos se vengan abajo. Este vacío no tiene nada que ver con la creación de empleos, pero sí se relaciona totalmente con la protección de algunos de los financieros más ricos de Estados Unidos.

Si existiera un galardón para el Hueco Fiscal Más Deshonesto, éste sin duda lo ganaría.

¡Esperen, despierten! Sé que la “política fiscal” provoca que los ojos de la gente se entrecierren de sueño, pero es así como los financieros han logrado pagar una tasa fiscal más baja que sus choferes o sus entrenadores personales. Por años, los magnates han apostado a que la opinión pública es demasiado estúpida o está muy distraída para notar que, en muchos casos, ellos están pagando apenas una tasa fiscal de 15%.

Lo que está en juego es el vacío de la “participación en beneficios”, y el presidente Barack Obama está presionando para taparlo. La Casa Blanca estima que esto permitiría reunir US$20.000 millones a lo largo de una década. Sin embargo, los republicanos en el Congreso abandonaron las conversaciones sobre el presupuesto en vez de discutir aumentos a los ingresos a partir de medidas como ésta.

La mayor amenaza para Estados Unidos en este verano probablemente no venga de Irán o de Libia, sino del riesgo creado en el ámbito nacional de que el país incumpla los pagos a sus deudas. No conocemos las consecuencias económicas para Estados Unidos o el mundo, y quizás una parte del nerviosismo pudiera ser exagerado —o quizá no—, pero es imprudente que los republicanos siquiera jueguen con una advertencia de ese tipo.

Este hueco de la participación en beneficios es provechoso para los administradores de sociedades financieras, como las de los fondos de protección, fondos de capital privado, fondos de capital de riesgo y fondos de bienes raíces, los cuales están entre las personas mejor pagadas del mundo. John Paulson, administrador de un fondo de protección en la ciudad de Nueva York, ganó US$4.900 millones el año pasado, según datos de la publicación AR Magazine, que sigue el desempeño de estas compañías. Eso equivale al ingreso promedio per cápita de 184.000 estadounidenses, de acuerdo con los cálculos que hice apoyándome en cifras de la Oficina del Censo.

Paulson se negó a dar comentarios sobre esta exención fiscal, pero así es como funciona: estos administradores de fondos son compensados mayormente con un bono por desempeño de 20% o más de las ganancias que logren. Con este vacío de la participación de beneficios, ese 20% es elegible para la tasa contributiva de ganancias de capital a largo plazo (si los activos subyacentes se mantienen durante suficiente tiempo) de apenas 15%, en vez de la tasa normal personal del impuesto sobre la renta, de 35%.

Este hueco fiscal también es vacuo intelectualmente. La cuota por desempeño es una ganancia sobre el trabajo del administrador, no sobre su capital, así que no hay razón para darle un trato preferencial sobre ganancias de capital.

“El vacío de la participación en beneficios representa el peor temor de todos con respecto al sistema fiscal: que los ricos y poderosos se salen con la suya”, dice Victor Fleischer, catedrático de leyes en la Universidad de Colorado en Boulder, quien ha escrito sobre el tema. “La eliminación de este vacío por sí sola no corregirá el presupuesto, pero nos acerca un paso más a la justicia”.

En una época en que el 1% más rico de los estadounidenses tiene colectivamente una valía neta superior al 90% inferior, hay otras formas en que podríamos reunir dinero al mismo tiempo que volvemos más equitativa la política fiscal. La Casa Blanca está apoyando algunas de ellas en sus negociaciones con el Congreso, pero otras ni siquiera se mencionan.

Una propuesta importante se relaciona con la participación del fundador, es decir, con las acciones que las personas posee de las empresas que han fundado. Fleischer ha escrito un interesante documento en el cual argumenta persuasivamente que la participación del fundador es objeto de una tasa impositiva sumamente baja. Además, esencialmente es una ganancia sobre el trabajo, no el capital, y no debería beneficiarse de la baja tasa de ganancias de capital.

De manera similar, Europa se está dirigiendo hacia un impuesto sobre transacciones financieras en operaciones hechas en mercados financieros. Eso es algo que algunos economistas han defendido por largo tiempo —particularmente James Tobin, quien ganó un Premio Nobel por su trabajo— y que también permitiría reunir decenas de miles de millones de dólares en una época que lo necesita con desesperación. Tiene sentido.

El mayor interrogante es el siguiente: ¿intentamos balancear déficits presupuestarios sólo mediante la eliminación de iniciativas para el combate a la pobreza, becas universitarias y otras inversiones en la juventud y nuestro futuro? ¿O también buscamos aumentos fiscales de quienes son más capaces de solventarlos?

Además, cuando los republicanos en el Congreso alegan que la razón de su actitud recalcitrante en las negociaciones del presupuesto es la inquietud por el bienestar del estadounidense común, fíjense bien. ¿Realmente queremos cerrar el gobierno estadounidense y correr el riesgo de otra crisis financiera en el mundo para proteger las cuentas fiscales de multimillonarios?

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