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hace 1 hora
Por: Ramiro Bejarano Guzmán
Notas de buhardilla

Impunidad más intriga, salvamento de Arias

Si el Gobierno y el uribismo de verdad quisieran convencer al país de que ese esperpento de proyecto de segunda instancia retroactiva para delincuentes de cuello blanco no va a ser otro templo a la impunidad, como lo creen la mayoría de los colombianos, van a tener que introducirle unos correctivos para que ese desafío a la decencia y a la institucionalidad no sea solamente   reforma color de rosa para los condenados.

Por ejemplo, el proyecto debería prever que no solamente puedan apelar los condenados sino también obligatoriamente la Fiscalía y la Procuraduría, de manera que esa revisión retroactiva no sea la de un apelante único, la cual, como se sabe, de acuerdo con el artículo 31 de la Constitución, impide al “superior agravar la pena impuesta”. Si los fallos condenatorios se van a revisar a solicitud de los afectados, ello no es indiferente a la Fiscalía y a la Procuraduría, entidades a las que se les debe permitir apelar también y que estén habilitadas para exigir que, de no ser exonerado el interesado, se agraven todas las penas impuestas en su contra, las penales y económicas, si eso fuere necesario.

Adicionalmente, es necesario consagrar que mientras se ventilan esas segundas instancias retroactivas no pueda consumarse la prescripción de los delitos investigados. De no tomarse medidas, en buena parte de esos procesos operaría la consabida prescripción.

Consagrar de manera simplista la segunda instancia retroactiva para los aforados, sin que estos corran riesgos de ninguna clase, es la invitación a un bazar de la impunidad, en el que el Estado terminaría siendo más cómplice y víctima que testigo al ver cómo unos condenados se visten nuevamente de honorables por cuenta de una reforma sin precedentes en la historia del derecho constitucional. Por supuesto, nada hace presumir que el subpresidente Duque y su bancada estarán dispuestos a desobedecer al presidente eterno o a dañarle la fiesta de la absolución a Uribito, a quien no solamente lo exoneran de todo desafiando y ultrajando a la Corte Suprema, sino que, si les fuere posible, hasta lo candidatizarían para santo.

Pero el asunto no se reduce a aprobar esta nefasta reforma constitucional que, lamentablemente, al parecer contará con el apoyo del liberalismo y de Cambio Radical, sino que hay que tomar conciencia del tsunami que está por atropellarnos.

En efecto, los uribistas ya dan por cierto que creando esa segunda instancia retroactiva Andrés Felipe Arias y los demás condenados del entorno de Uribe van a ser absueltos. ¿Por qué estarán tan seguros de ese resultado?

Ese triunfalismo en favor de Arias y de otros condenados, coincidencialmente uribistas, no es improvisado, sino que hace parte de una táctica siniestra que ya se está ejecutando y que tiene varios escenarios.

El primer paso de ese plan perverso consiste en la guerra mediática para que en el imaginario colectivo se afiance la falsa creencia de que Arias es un perseguido político, que no era prófugo de la justicia y que a pesar de que no se robó un peso no incurrió en el delito de peculado en favor de terceros. El uribismo, que no perdona ni olvida, les ha pasado cuentas de cobro a Viviane Morales y a Alejandro Ordóñez, por haber iniciado las investigaciones penales y disciplinarias que pusieron tras las rejas a Arias y lo destituyeron imponiéndole 16 años de inhabilidad para acceder a un empleo público. Claro, al Gobierno y al uribismo les tiene sin cuidado insultar a Viviane y a Ordóñez calificándolos de perseguidores y prevaricadores, porque la falta de dignidad de estos dos personajes es proverbial. Prefieren seguir gozando de las mieles de la diplomacia que renunciar, como en otros tiempos lo habrían hecho otros funcionarios decorosos.

Pero esta sucia maniobra también involucra una soterrada campaña de intimidación a los futuros magistrados que sean nombrados con el fin de que tramiten las segundas instancias retroactivas, para que de una vez queden advertidos de que su trabajo consistirá en absolver a esos “pobres inocentes” que habían sido condenados legalmente. No quiero estar en los zapatos de los magistrados de la Corte Suprema, porque volverán la intriga y la amenaza. Y Duque, como si el asunto no tuviere que ver con su Gobierno.

Adenda. #MarchemosPorLosLíderes el próximo 26 de julio.

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2019-07-21T00:00:40-05:00

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2019-07-21T00:15:01-05:00

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Impunidad más intriga, salvamento de Arias

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