Paro nacional: así avanzan las marchas en Colombia

hace 2 horas
Por: Jorge Iván Cuervo R.

Incapacidad, indolencia y soberbia

Estas tres palabras definen la gestión del exministro Guillermo Botero al frente del Ministerio de Defensa. Del presidente Duque se ha reconocido el esfuerzo por tener un gabinete más técnico que político al margen de la política tradicional, lo que le ha causado problemas ante su propio partido por falta de representación, más allá de la ministra de Trabajo y del canciller, y algunos cargos inocuos de consejeros locuaces y anodinos.

De algunos ministros, como los de Salud, Comercio e Industria, Ambiente o Vivienda, se reconoce el trabajo técnico al margen de los reflectores de los medios, si bien la falta de peso político de los titulares de esas carteras le pasa factura al Gobierno en términos de gobernabilidad y conducción política.

En esa lógica de gabinetes técnicos, no se entiende la llegada al Ministerio de Defensa de Guillermo Botero, quien pasó de presidir el gremio de los comerciantes a encargarse de uno de los ministerios más complejos, sin ningún conocimiento sobre el tema ni antecedente que lo respaldara, diferente al de ser un comerciante con buenas conexiones que lo hubieran podido llevar a algún otro ministerio. A esta hora no se sabe quién lo respalda, aunque parecería ser el poderoso Consejo Gremial, quien cada vez se mete más en asuntos de gobierno, un tema sobre el que es necesario empezar a pensar.

Aunque es justo decir que eso de traer líderes de gremios a la cartera de Defensa ya lo había hecho Santos con Villegas, otro ministro de ingrata recordación, quien es responsable de no haber implementado una estrategia de control del territorio luego de la firma de la paz, y que explica en buena parte lo que hoy sucede en el Cauca.

Pero Botero demostró una incapacidad letal para los temas de seguridad y defensa, una falta de liderazgo político y moral sobre la Fuerza Pública que se evidenció en su lenguaje dubitativo y desenfadado, ajeno incluso a los códigos del lenguaje castrense, desconociendo detalles técnicos de las operaciones militares y de manejo de información, lo que denota una pérdida de confianza de la cúpula militar con alguien que no entendió la naturaleza del cargo ni se esforzó en aprender.

No solo fue el caso del homicidio de Dimar Torres, sobre lo cual ya hay suficiente evidencia de que el ministro se basó solamente en la información de los propios responsables para minimizar el hecho y atribuirlo a una refriega, cuando se trató de un homicidio premeditado y planificado contra un desmovilizado de las Farc; o la muerte del líder social Flower Trompeta en zona rural de Corinto, de quien hay graves indicios de haber sido sacado de su casa y luego asesinado por miembros del Ejército para hacerlo pasar por guerrillero, hecho que el ministro negó y se limitó a decir que era alguien con anotaciones en el SPOA; o la revelación que hizo el senador Roy Barreras sobre un bombardeo a un campamento de disidencias de las Farc en el que murieron varios niños y niñas —al parecer reclutados forzosamente por ese grupo ilegal—, información que omitió el ministro cuando se conoció de la operación y que amerita explicaciones sobre si esta se realizó de acuerdo con las normas del DIH, esto es, bajo los principios de proporcionalidad y distinción. También fue la forma indolente y desconsiderada como respondió ante los cuestionamientos, señalando a los líderes sociales asesinados, en su mayoría, de ser “criminales dedicados al narcotráfico”, o minimizando los temas de seguridad con problemas de hurto de ropa, entre otras joyas de declaraciones impropias de un ministro de Estado.

Las valientes denuncias del senador Barreras voltearon la balanza en contra del ministro. En caso de haberse votado la moción de censura, el Congreso, de esa manera, le habría quitado la confianza a uno de los más cercanos colaboradores del presidente y le habría asestado un duro golpe al Gobierno, ya de por sí bien aporreado por su pobre desempeño y por los resultados electorales pasados, que le han granjeado incluso reproches en su propio partido.

El ministro debía renunciar y era lo mínimo que se podía pedir, por el bien del Gobierno, del país y de las propias Fuerzas Militares, y el presidente Duque debe aprovechar esta crisis para reconducir su agenda más allá de los vientos de guerra en los que nos quieren seguir metiendo.

@cuervoji

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Incapacidad, indolencia y soberbia

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