Por: Indalecio Dangond B.

Inclusión financiera rural

En el año 2015, el DANE publicó los resultados del Censo Nacional Agropecuario, realizado por 25.000 censistas en 1.101 municipios del país, 773 resguardos indígenas, 181 tierras de comunidades negras y 56 parques nacionales naturales.

Uno de los resultados que me llamó la atención de este censo fue la escasa cobertura en inclusión financiera del sector rural. De 2,7 millones de personas censadas, sólo el 11% dijo haber solicitado un crédito al sector financiero. Es decir, existen en el sector rural unos 2,4 millones de productores del campo que no acceden a créditos en las 48 entidades financieras que operan en el país. Estas estadísticas del DANE concuerdan con las cifras de financiamiento agropecuario de Finagro. En el año 2018, se tramitaron 414.982 operaciones de créditos, de las cuales el 70% fueron para créditos del sector rural.

El otro problema que existe en materia de inclusión financiera rural es la escasez de recursos de créditos. De los $15,2 billones desembolsados el año pasado al sector agropecuario, los pequeños productores sólo participaron con el 16% del total de los recursos. Aquí viene la pregunta del millón: ¿quién está financiando la producción de 7.200 millones de litros de leche, 1,3 millones de toneladas de carnes, 12.000 millones de huevos y 7,3 millones de hectáreas agrícolas y forestales que se cosechan anualmente en el país? Gravísimo problema, ya que estamos hablando de inversiones muy grandes que están siendo financiadas por fuera de la banca con costos financieros muy altos, lo cual merma la rentabilidad a los agronegocios de nuestros productores del campo.

Claramente, este grave problema de exclusión financiera rural no se resuelve con los cientos de programas dispersos de educación financiera rural, con documentos Conpes ni mucho menos contratando más personal para el Banco Agrario.

La inclusión financiera rural funciona donde hay certeza jurídica sobre la propiedad del predio, y el 54% de los predios rurales del país no tienen sus títulos al día. El crédito se otorga donde existen buenas prácticas agrícolas, y el 90% de los productores del campo no reciben asistencia técnica del Estado. El crédito agropecuario se desembolsa donde se desarrollan proyectos con semillas certificadas, mecanización de cultivos y sistemas de riego, y el 83% de los productores no cuentan con estas herramientas y equipos. Por eso, de los 2,7 millones de pequeños y medianos productores del campo encuestados por el DANE, sólo unos 400.000 están bancarizados.

Si comenzamos a resolver estos cuellos de botella y al mismo tiempo orientamos el crédito rural a través de cooperativas agrarias, asociaciones de productores y núcleos agroindustriales —donde la asistencia técnica, la tecnología y la comercialización estén garantizadas—, la inclusión financiera rural puede alcanzar algún grado mayor de cobertura.

Lógicamente, a este tema hay que meterle tecnología financiera, como las fintech y el blockchain, para que el credifomento del agro sea más ágil, menos costoso y menos riesgoso. Ya el presidente Duque puso andar las autopistas de la tecnología 5G que llevarán internet de banda ancha de alta velocidad al 70% del territorio del país, lo cual ayuda muchísimo a lograr mayor cobertura en inclusión financiera rural.

* Experto en crédito agropecuario.

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