Por: Miguel Gómez Martínez

Incoherencia

LA INCOHERENCIA ES EL SELLO DE marca de los populistas. Se trata de culpar de todos los males internos a los agentes externos y exigir que sean los otros los que hagan todo el esfuerzo. Mientras tanto, el gobernante demagogo se arropará en un falso nacionalismo lleno de imágenes desafiantes. Un populista exigirá a los demás países algo que él no estará dispuesto a hacer.

En las últimas semanas hemos tenido varios ejemplos de este tipo de incoherencias. Los violadores de los principios democráticos, como Chávez y Ortega, exigiendo el respeto del presidente antidemocrático de Honduras. O mejor aún, el bocón presidente de Ecuador, que clama por la integración latinoamericana pero impone restricciones a las importaciones provenientes de sus vecinos. Todas estas son señales inequívocas de su incoherencia estructural.

Nada es más populista que el manejo de los temas que tienen que ver con la cooperación internacional. En los foros internacionales se riegan en prosa pidiendo cooperación de otros países para solucionar los problemas que ellos han creado. Adoran el marco multilateral pues les permite diluir la responsabilidad de sus problemas en ese cómodo concepto de “la comunidad internacional”. Ello les facilita no tomar acciones concretas para atacar problemas reales que lo único que requieren es voluntad política.

Pero quizá la mejor señal de la falta de claridad conceptual de estos gobiernos es la relación con los temas de seguridad. Sus discursos están llenos de referencias a la cooperación internacional para derrotar la inseguridad, eliminar el narcotráfico y luchar contra el terrorismo. Pero cuando se trata de abordar estos problemas, que tienen dimensiones transnacionales, reaparece el populismo bajo la forma del argumento soberano. Si fueran coherentes con su discurso, Chávez, Correa, Ortega y Morales deberían estar reclamando más presencia de los países desarrollados en la región. Estarían satisfechos de ver que las naciones con recursos, tecnología y capacidad operacional los apoyen en la lucha mundial contra las bandas criminales, el narcotráfico y el terrorismo. Pero prefieren recurrir a su vociferante nacionalismo para rechazar la cooperación en materia de seguridad. Evo Morales considera “traidores a los políticos latinoamericanos que acepten bases americanas en la región”. Abogó para que “nunca más haya bases militares en la región para hacer respetar la soberanía de los pueblos”. ¡Qué incoherencia con la realidad del crimen internacional! Los argumentos de estos demagogos deben ser música para los narcotraficantes, contrabandistas, terroristas y demás bandidos que no respetan las fronteras y saben que el delito es por definición un fenómeno global.

Bien hace Colombia en profundizar, por todos los medios, la cooperación internacional en la lucha contra el crimen. Nosotros sabemos, mejor que muchos pueblos, lo largos y poderosos que son los tentáculos del narcotráfico y el terrorismo. La soberanía nacional no es una imagen retórica que se utiliza para hacer demagogia. La soberanía está hoy amenazada por el crimen transnacional y no por los acuerdos de seguridad entre las democracias.

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