Por: Cartas de los lectores

Incomodidades

Se le nota la angustia. Álvaro Leyva, hijo de un disidente conservador y, por tanto, olvidado, reproduce el camino paterno hacia el olvido (“Las Farc no aceptarán el referendo”, El Espectador, octubre 1º). La historia premia con el olvido a los disidentes. Suelen ser incómodos.

Mucho más si salen a contar lo que se habla en los salones elegantes. El referendo de Santos rompió las prioridades de la agenda debido a urgencias reeleccionistas. Era asunto a tratar como último punto en La Habana, pero Santos lo sacó de la manga ahora, atascando, de paso, el segundo: la participación política de los insurgentes, el caballo de Troya del proceso. Unos que se dicen demócratas negociando en nombre del régimen les niegan a otros que se dicen insurgentes negociando en nombre del pueblo la posibilidad de hacer política sin armas. Unos que desde el mediano siglo XIX hicieron la guerra durante 100 años les quieren negar la posibilidad de hacer política a otros que hicieron la guerra desde hace 60 años. Un bipartidismo guerrero le quiere negar a los sin partido guerreros la posibilidad de hacer política dejando las armas. ¿Será que en Colombia durante 100 años fue legítimo hacer política dejando las armas conservadoras o liberales, pero ahora es ilegítimo que después de 60 años dejen las armas los insurgentes sin partido? ¿Será que fue legítimo que los campesinos hicieran la guerra para servir a los gamonales liberales o conservadores, pero ahora resultó ilegítimo que los campesinos la hicieran para servirse, creyeron, a ellos mismos? ¿Será que siempre fue legítimo firmar una nueva Constitución cada que terminó una guerra civil, pero ahora es ilegítimo firmar otra con la insurgencia para terminar ésta? ¿Qué será?

Bernardo Congote. Bogotá.

Radicales en Tunja

Han aparecido dos referencias en El Espectador: el 24 de septiembre, bajo el título “Recordando a los radicales”, y una columna de Salomón Kalmanovitz: “La Constitución de Rionegro”, el 30 de septiembre, en las cuales se hace referencia y se concluye que únicamente dicha “conmemoración fue recordada por la solitaria voz del Externado de Colombia”.

Los constitucionalistas e historiadores boyacenses estamos al tanto de esta magnífica efemérides, que marcó el derrotero y la grandeza de la República y de las gentes del Altiplano en la dirección del Estado federal de 1863.

Basta recordar que por estos días las distintas universidades con sede en Tunja vienen desarrollando conferencias y conversatorios, de tal suerte que los boyacenses no hemos sido ajenos a la conmemoración de esos grandes momentos históricos que ha vivido Boyacá.

Carlos H. Barrera Martínez. 

Académico de número de la Academia Boyacense de Historia.

 

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